El informe emitido por la Contraloría General de la República sobre la licitación 01/25 para la explotación del espectro 5G convocada por la CONATEL volvió a exponer la tensión entre intereses económicos y relato mediático en Paraguay. El documento técnico, lejos de establecer violaciones concluyentes al pliego o de sostener que correspondía rechazar automáticamente a un oferente, se limita a formular recomendaciones de control y seguimiento administrativo.
Sin embargo, sectores críticos señalan en la cobertura difundida por medios vinculados a conglomerados empresariales interesados en el resultado (Grupo ABC y Continental) habría presentado el contenido con un énfasis que no refleja con precisión el alcance real de las conclusiones del órgano contralor. Según estos cuestionamientos, se habrían magnificado observaciones técnicas para instalar la idea de irregularidades determinantes, pese a que el informe no formula tal afirmación.

Lo que efectivamente consigna la Contraloría es otra cosa: recomienda fortalecer el rigor en la fiscalización del cumplimiento de compromisos contractuales y supervisar de manera íntegra y verificable las obligaciones asumidas por la firma Nubicom Paraguay. Es decir, su foco está puesto en mejorar controles futuros, no en invalidar el proceso.
El episodio reabre un debate recurrente sobre el rol de ciertos actores mediático-empresariales en licitaciones de alto valor estratégico. Analistas advierten que cuando grupos con intereses directos participan simultáneamente del juego económico y de la construcción del relato público, la información puede transformarse en herramienta de presión más que en instrumento de transparencia.
En procesos sensibles como el despliegue del 5G, donde se disputan inversiones millonarias y posicionamiento tecnológico, la frontera entre periodismo, lobby y estrategia corporativa tiende a volverse difusa. Y es precisamente allí donde la lectura estricta de los documentos oficiales se vuelve indispensable para separar hechos de conveniencias.




