Los primeros días del 2026 fueron, literalmente, sorprendentes, pues, la madrugada del sábado 03 de enero, tropas de élite norteamericanas realizaron un operativo para capturar a Nicolás Maduro. Bastaron cuarenta y cinco minutos para inutilizar centros militares y arrestar al dictador caribeño.
Obviamente, la caterva de panegiristas del régimen, que son muchos en todo lado, argumentaron que Estados Unidos violó la soberanía de Venezuela para robarse el petróleo, las típicas cantaletas que usan desde la década del 60. Sin embargo, ni fue una violación a la soberanía ni el petróleo es algo que le interese a Donald Trump.
El concepto de soberanía, al menos desde Jean Bodin, se entiende como la potestad suprema, absoluta y perpetua de mando y decisión, características esenciales para la definición jurídico-política del Estado moderno. Esa potestad le pertenece al hombre de a pie; de hecho, es la diferencia entre un ciudadano libre y un esclavo. Por ende, los gobernantes son, meramente, servidores y empleados que deben cumplir la voluntad ciudadana. Esos son los fundamentos de nuestra democracia moderna.

De ahí que, cuando ese orden es capturado por una mafia que gobierna contra el cuerpo social; que asesina ciudadanos; que violenta todas las garantías y derechos fundamentales; que fuerza la separación familiar; que genera hambrunas, y falsifica elecciones, la soberanía vuelve a quedar alienada. ¿Qué soberanía puede tener un venezolano promedio frente a una banda de criminales que detentan todo el poder? Ninguna, verdad. Al respecto, Carlos Sánchez Berzain, en su artículo: La liberación de Venezuela, Cuba y Nicaragua es Seguridad Nacional de EEUU, explica:
Los pueblos sometidos por el sistema narcoterrorista del Socialismo del Siglo 21 han luchado y luchan heroicamente por su libertad. Cuba lo hace a costa de miles de muertos, fusilamientos, torturas, más de mil presos políticos en la actualidad y millones de exiliados que ya han tomado la figura de diáspora. Venezuela ha realizado reiterados intentos con movilizaciones, elecciones, mesas de diálogo internacionales, ofrendando vidas, sufriendo torturas, con más de ocho millones de exiliados. Nicaragua sufre las mismas condiciones con muertos, presos políticos, exiliados, desnacionalizados. Bolivia con «esperanza de transición» ha pasado por lo mismo y aún soporta presos y exiliados políticos.
Por otra parte, resulta contradictorio que la izquierda use las narrativas de la soberanía nacional y la autodeterminación de los pueblos cuando tiene como uno de sus dogmas el internacionalismo revolucionario. Además, en la práctica, la URSS invadió países en los cinco continentes del mundo. En este caso, enarbolar la soberanía es un mero truco semántico para proteger a una narcodictadura y sus cómplices.
Hablando del petróleo venezolano, el 28 de abril de 2005, en La Habana, fue inaugurada la Oficina de Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA-Cuba). Sus objetivos eran fomentar la exploración, explotación, refinación, importación, exportación y comercialización de hidrocarburos y sus derivados. No obstante, fue la entrega, por completo, de las reservas petroleras venezolanas a la tiranía castrista. Ergo, si quieren encontrar al ladrón del oro negro de Venezuela no lo tienen que buscar en Washington, sino en La Habana. Pero, incluso con 20 años de petróleo robado, Cuba sigue sufriendo crisis energética y problemas logísticos.
Adicionalmente, las tres primeras décadas del Siglo XXI, el crimen organizado, que usurpa la política regional, le ha entregado nuestros territorios y recursos a las dictaduras transatlánticas de Rusia, China e Irán, que usan nuestras patrias como trampolines geoestratégicos en su Guerra Asimétrica contra Estados Unidos. Entonces, lo que hizo Trump, aparte de proteger a su nación, es ayudar a recuperar la libertad y la soberanía de los venezolanos de bien, los legítimos propietarios de la hermosa tierra llanera. ¡Dios bendiga a Trump! ¡Viva la libertad! ¡Venezuela libre!




