Al menos seis personas murieron en Irán en enfrentamientos entre las fuerzas de seguridad del régimen y manifestantes, según informaron este jueves medios estatales, en el marco de una nueva ola de protestas desatada por el colapso del poder adquisitivo y el deterioro económico sostenido que atraviesa el país.
Las agencias estatales e internacionales también reportaron que al menos 30 personas fueron detenidos en las últimas horas.
Las movilizaciones comenzaron el domingo en Teherán, cuando comerciantes cerraron sus tiendas en señal de protesta por la inflación descontrolada, la constante depreciación del rial y el estancamiento de la economía. Las protestas se extendieron luego a universidades y a distintas regiones del país, evidenciando un malestar social que trasciende sectores puntuales.
La República Islámica arrastra desde hace años una crisis económica estructural marcada por el encarecimiento de los productos básicos y la pérdida crónica del valor de su moneda. En diciembre, la inflación interanual alcanzó en promedio el 52%, según cifras oficiales del Centro de Estadísticas, un dato que refleja la erosión constante del nivel de vida de la población.
El jueves se registraron enfrentamientos en varias ciudades medianas. En Lordegan, en el suroeste del país, al menos dos civiles murieron, informó la agencia Fars, vinculada al aparato de seguridad del régimen. La misma fuente habló de actos vandálicos, daños materiales significativos y múltiples detenciones.
En Azna, en la provincia occidental de Lorestán, otras tres personas murieron durante choques entre manifestantes y fuerzas de seguridad, según Fars. La agencia calificó a los participantes como “alborotadores” y afirmó que el enfrentamiento se produjo tras un ataque a una comisaría, un lenguaje habitual de los medios oficiales para deslegitimar las protestas.
Además, un miembro de las fuerzas de seguridad murió en incidentes registrados en Kuhdasht, también en el oeste. La televisión estatal informó que se trataba de un integrante del Basij, una milicia paramilitar integrada por voluntarios y subordinada a los Guardianes de la Revolución, el brazo ideológico y represivo del régimen. Según las autoridades locales, trece policías resultaron heridos por lanzamientos de piedras.




