El senador liberal Líder Amarilla presentó un proyecto que plantea elevar del 10% al 15% el Impuesto a la Renta Empresarial (IRE) para bancos y entidades financieras supervisadas por el Banco Central del Paraguay. La propuesta pretende destinar lo recaudado a dos áreas especialmente sensibles: medicamentos e insumos médicos, por un lado, y la pensión para adultos mayores, por otro.
El reparto previsto es de 70% para medicamentos y 30% para fortalecer la pensión universal. Sobre el papel, resulta difícil discutir el destino de esos recursos. El problema aparece cuando se mira de dónde saldrán y, sobre todo, el momento en que aparece la iniciativa.
Subir impuestos siempre puede presentarse como una solución rápida cuando hay una necesidad urgente de dinero. El punto es que detrás de esos cinco puntos porcentuales hay empresas, inversiones, costos y, finalmente, clientes que forman parte de la misma economía.
La tasa general del IRE es actualmente del 10%. Llevarla al 15% exclusivamente para bancos y financieras significa establecer un tratamiento tributario diferente para ese sector. También alcanzaría a las sucursales de entidades financieras extranjeras que operan en Paraguay.
La cuestión que no debería pasar desapercibida es el hecho de que el sistema financiero paraguayo viene atravesando una serie de discusiones públicas y diferencias entre entidades. En ese escenario, el sector bancario tampoco parece estar haciendo demasiado para mostrar una posición común. ASOBAN tiene precisamente entre sus funciones representar al sector y canalizar sus intereses ante las autoridades. Su actual consejo directivo reúne a representantes de distintos bancos del sistema. La crítica, entonces, también debe dirigirse hacia adentro.
Si los propios representantes de los bancos no consiguen ordenar sus diferencias, establecer una posición conjunta y resolver sus discusiones en el ámbito gremial correspondiente, terminan dejando un espacio que la política puede ocupar. Y cuando ese espacio aparece, la tentación de convertir el conflicto en una oportunidad para recaudar puede resultar demasiado atractiva.
No hace falta suponer una conspiración ni atribuirle a nadie una intención que no haya sido demostrada. Basta observar la coyuntura: hay cuestionamientos, hay ruido alrededor del sistema financiero, hay grupos mediaticos atacanndo en conjunto a una institución y aparece una propuesta para cobrar más impuestos precisamente a ese sector.
El argumento social ayuda a vender la iniciativa. ¿Quién podría oponerse a comprar medicamentos o mejorar las condiciones de los adultos mayores? Pero una buena causa no convierte automáticamente en buena cualquier herramienta utilizada para financiarla. También hay que preguntar qué ocurre después.
Los bancos no trabajan aislados del resto de la economía. El costo de operar, prestar, invertir y mantener determinados servicios termina teniendo efectos sobre las condiciones que reciben empresas y clientes. Por eso, una modificación tributaria de esta magnitud no debería discutirse solamente desde cuánto dinero podría ingresar al Estado. También hay que hablar de cuánto podría costar.
Y hay otro punto que merece atención: nadie puede garantizar de antemano que aumentar la tasa producirá exactamente la recaudación que se está imaginando. La cifra final dependerá de las utilidades gravadas y del comportamiento de las entidades frente al nuevo escenario.
Paraguay necesita recursos. Eso es evidente. También necesita medicamentos y debe sostener políticas destinadas a los adultos mayores. Pero justamente por tratarse de necesidades permanentes, el financiamiento debería construirse sobre bases igualmente permanentes y no sobre la coyuntura del momento.
El Congreso tiene ahora la oportunidad de discutir el proyecto con números sobre la mesa. Cuánto se espera recaudar, qué impacto tendría sobre el sistema financiero, qué efectos podría generar sobre el crédito y por qué los bancos deberían soportar una tasa distinta a la del resto de las empresas.
Y ASOBAN también tiene una tarea pendiente. Si pretende defender los intereses del sector, debería demostrar que puede sentar a sus integrantes a la misma mesa y encontrar mecanismos para procesar sus diferencias. Porque cuando un gremio no consigue ordenar su propia casa, otros pueden terminar decidiendo por él.




