Hay una palabra que suele aparecer mucho en el discurso político: transparencia. Mauricio Espínola la viene utilizando con fuerza en sus cuestionamientos sobre el manejo de los recursos públicos, particularmente los fondos del IPS.
Y es difícil estar en desacuerdo con ese planteamiento. Los recursos del IPS no son propiedad de ningún gobierno ni de ningún funcionario. Son aportes de los trabajadores y, por lo tanto, deben ser administrados con el mayor cuidado.
Pero la política tiene una regla bastante sencilla: lo que uno exige a los demás también debería estar dispuesto a cumplirlo en casa propia.
En los últimos días aparecieron cuestionamientos sobre la declaración jurada del diputado, su patrimonio y algunas operaciones que requieren explicaciones. También surgieron publicaciones sobre la situación laboral de su madre, funcionaria del IPS y actualmente comisionada a la Municipalidad de Villeta.
Nada de esto significa, por sí solo, que exista una irregularidad. Sería irresponsable afirmarlo sin que las autoridades correspondientes determinen los hechos. Pero sí plantea preguntas que un funcionario que hace de la transparencia una bandera debería ser el primero en responder.
Y ahí aparece el verdadero problema para Espínola: la coherencia.
Reclamar controles, transparencia y trazabilidad para los recursos públicos es absolutamente legítimo. Lo que resulta difícil de explicar es que, cuando las preguntas apuntan hacia uno mismo o hacia personas cercanas, la exigencia de claridad parezca adquirir otro tono.
La ciudadanía no necesita políticos perfectos. Necesita políticos capaces de responder cuando surgen dudas. Si hay una explicación para cada cuestionamiento, que se conozca. Si hubo una actualización patrimonial que todavía no aparece reflejada en determinada declaración, que se aclare. Si las situaciones denunciadas sobre su entorno tienen una explicación administrativa, que se documente. Eso también es transparencia.
Al final, la discusión no debería reducirse a si Espínola tiene razón cuando cuestiona al Gobierno o cuando propone controles para el IPS. Puede tenerla, o no. La pregunta es otra: ¿está dispuesto a aceptar para sí mismo el mismo nivel de escrutinio que reclama para los demás? Ahí está el verdadero desafío.
La coherencia no se proclama. Se demuestra, diputado.




