Las Naciones Unidas enfrentan nuevas críticas luego de que Pramila Patten, representante especial de la ONU sobre violencia sexual en conflictos y autora del informe que derivó en la inclusión de Israel en una lista internacional vinculada a denuncias de violencia sexual en contextos de guerra, reconociera públicamente que no realizó verificaciones directas sobre las acusaciones ni visitó centros de detención israelíes.
Durante declaraciones difundidas recientemente, Patten afirmó que había dejado en claro desde el inicio que no inspeccionaría instalaciones de detención, incluso si Israel ofrecía acceso. También sostuvo que la verificación directa de los hechos denunciados no formaba parte de las funciones de su oficina.
Las afirmaciones generaron una fuerte controversia debido a que el informe elaborado por Naciones Unidas fue utilizado para sustentar acusaciones sobre presuntos casos de violencia sexual contra palestinos y contribuyó a la incorporación de Israel en mecanismos internacionales de observación y seguimiento.
Desde sectores críticos a la ONU, las declaraciones fueron interpretadas como una admisión de que las denuncias incluidas en el informe no fueron corroboradas personalmente por la funcionaria ni por su equipo mediante inspecciones sobre el terreno. Estos cuestionamientos apuntan especialmente a los procedimientos utilizados para validar información de extrema sensibilidad antes de emitir conclusiones con impacto internacional.
Por su parte, representantes israelíes sostuvieron que habían ofrecido colaboración y acceso para examinar las acusaciones directamente, y cuestionaron la imparcialidad del proceso. El embajador de Israel ante las Naciones Unidas afirmó que existió disposición para facilitar verificaciones presenciales, pero que esa posibilidad no fue utilizada.
La polémica reabrió el debate sobre los estándares de investigación aplicados por organismos internacionales en conflictos armados, especialmente cuando sus informes pueden derivar en sanciones diplomáticas, condenas internacionales o consecuencias políticas de gran alcance.
Mientras Naciones Unidas defiende la utilización de testimonios, documentación y diversas fuentes de información en contextos donde el acceso directo suele ser limitado, los críticos consideran que las recientes declaraciones de Patten debilitan la credibilidad del informe y refuerzan las dudas sobre la rigurosidad del proceso que llevó a señalar a Israel en materia de violencia sexual relacionada con conflictos.




