Mientras Asunción enfrenta problemas, una iniciativa de limpieza impulsada por la Municipalidad terminó dejando al descubierto una realidad mucho más profunda y preocupante: la interna política que atraviesa al Partido Colorado, una vez más, tiene a los ciudadanos como principales perjudicados.
Funcionarios municipales anunciaron que no se acoplarán a la denominada jornada de limpieza convocada por el intendente Luis Bello. Lejos de tratarse de una discusión seria sobre políticas públicas, lo que emerge es una disputa interna donde sectores vinculados a sindicatos municipales, alineados con el exintendente y actual candidato Arnaldo Samaniego, optan por no acompañar una acción concreta que apunta a mejorar la ciudad.
El argumento que intentan instalar algunos es que se trata de una simple acción de marketing. Sin embargo, hay una verdad difícil de esquivar: limpiar una ciudad que lo necesita con urgencia nunca puede ser reducido a una estrategia comunicacional. Asunción no está en condiciones de despreciar ninguna iniciativa que busque ordenar, sanear y recuperar espacios públicos. El problema, entonces, no es la limpieza. El problema es la política.
Cuando sectores sindicales deciden no participar, no están enviando un mensaje al intendente. Están afectando directamente a los vecinos. Es una forma de presión interna que termina golpeando al eslabón más débil: el ciudadano común.
A esto se suma el rol de ciertos comunicadores que, lejos de contribuir a un debate responsable, optan por amplificar la confrontación. Figuras como Álvaro Mora o Santiago González han centrado sus críticas en la figura del intendente, alentando indirectamente a estos sectores a desmarcarse de la iniciativa, en lugar de evaluar la medida en sí misma. El foco deja de estar en si la ciudad necesita o no ser limpiada para transformarse en una disputa personal y política.
El resultado es una ciudad paralizada por intereses cruzados, donde cualquier acción, por más necesaria que sea, queda atrapada en la lógica de la interna partidaria. Mientras tanto, los asuncenos siguen esperando soluciones concretas.
Porque al final del día, la discusión no debería ser quién impulsa la limpieza, sino por qué hay quienes deciden no acompañarla. Y la respuesta, incómoda pero evidente, es que en esta pelea política hay sectores que prefieren que nada mejore, con tal de no darle una victoria al adversario interno.
Asunción no necesita excusas ni boicots. Necesita gestión. Y, sobre todo, necesita que dejen de usarla como campo de batalla política.




