Bolivia está a pocos días de vivir un nuevo proceso electoral. Como es muy común en estas situaciones, con salvadas excepciones, los candidatos ofrecen cielo y tierra a los más necesitados de la sociedad. Da la impresión de que miran a los pobres con un aire de paternalismo y superioridad moral e intelectual.
Pero, ¿es verdad que los pobres necesitan los brazos asistencialistas del Estado y los políticos?
Antes de responder esa pregunta es necesario repasar un poco algunos conceptos económicos, así que manos a la obra.
El premio nobel en economía, Friedrich von Hayek, en varios de sus libros, explicó que la pobreza es la condición natural de la humanidad. Todos, absolutamente, todos, venimos de las condiciones más miserables, básicamente, de las cavernas. Pero nosotros, a diferencia de los otros animales, tenemos desarrollado el cerebro. Esto nos permite crear herramientas y elevar la productividad. De hecho, los neandertales, a pesar de ser físicamente más fuertes, se extinguieron por su incapacidad de adaptarse al entorno natural. Los homos sapiens pasamos de cazar con palos y piedras a la agricultura y la ganadería. Esa capacidad creadora, ese don de solucionar problemas y ser más eficientes, se llama emprendimiento.

Por su parte, Hernando de Soto, en el contexto latinoamericano, pero siguiendo la línea de Hayek, mostró que los problemas en la región son de orden institucional, pues los sistemas tributarios asfixiantes, las pesadas cargas burocráticas y la maraña de leyes son causantes de que los latinoamericanos vivamos en economías informales y con mucho capital muerto. Para muestra un botón, en mi natal Cochabamba, existen más de 18 mil familias que no tienen regularizado el derecho propietario de sus viviendas. Ese enorme capital dormido no puede ser usado como garantía para un crédito ni heredado a sus descendientes.
Entonces, las personas no necesitamos de un Estado paternalista, sino de un marco institucional que garantice los derechos de propiedad y minimice las cargas sobre los emprendedores. Sin embargo, ¿qué hay detrás de toda esa parafernalia paternalista y asistencialista?
Considerar que las personas, en especial, quienes tienen menores ingresos, necesitan de un Estado todo poderoso es simplemente la búsqueda de someter a los individuos a los dictados de quien ostenta el poder. Su objetivo no es ayudar, sino esclavizar; sin embargo, deben justificarse de alguna manera. Los pobres siempre han sido la escalera de poder de los peores tiranos, ejemplos sobran: Fidel Castro, Adolfo Hitler, Josep Stalin, Evo Morales, Hugo Chávez y un largo etcétera.

Por otra parte, la búsqueda de la igualdad, aunque aparenta ser justa, es otra falacia. Los seres humanos no somos iguales en nada. Cada uno de nosotros es una creación única e irrepetible, incluso en gemelos las diferencias son notorias.
Si actuamos en libertad, obviamente, los resultados serán diferentes. Ese afán de diferenciarse de los demás es algo natural en el ser humano, ¿o usted no se esfuerza para ser el mejor en su campo profesional? Habrá algunos que sean más hábiles con los negocios, otros con la música y otros con la enseñanza. Quien te ofrece reducir las desigualdades, en el fondo, te está prometiendo robar a unos para entregarles a otros. Los países más prósperos no buscan la igualdad, sino que las personas sean libres de producir y emprender.





