En el papel, el 1-0 de Olimpia sobre Deportivo Recoleta sirve para mantener la cima del torneo Apertura. Pero en la cancha volvió a quedar expuesta una realidad que se repite una vez más: el franjeado gana, sí, pero juega poco y convence todavía menos.
El partido disputado ayer en el Defensores del Chaco, dejó la sensación de que Olimpia vive más de la insistencia que de una idea clara de juego. El equipo tuvo la pelota durante largos pasajes, pero su producción ofensiva fue otra vez pobre. Los ataques suelen ser tímidos, previsibles y de débil definición. Las ocasiones verdaderamente peligrosas aparecen con cuentagotas y casi nunca como resultado de un buen movimiento colectivo.
Cuando el Decano intenta asociarse, el circuito se corta rápidamente. Las conexiones duran poco y el equipo termina dependiendo demasiado de alguna individualidad que aparezca de manera aislada. El problema es que esas individualidades tampoco surgen con frecuencia.
El gol de Alcaraz llegó justamente así: más por insistencia que por una construcción elaborada. Fue una jugada empujada a fuerza de voluntad, no el producto de un engranaje ofensivo que funcione. Y como suele pasar con este Olimpia, después de ponerse en ventaja el equipo retrocedió varios metros.
La estrategia se repite partido tras partido: marcar primero y luego ceder el balón al rival, esperando algún contragolpe o el error del contrario. Después del 1-0, Olimpia fue un equipo sin ideas claras. Renunció a jugar y se limitó a resistir. Esa fórmula puede alcanzar en el campeonato local, pero puede salir muy cara cuando llegue la hora de la Copa Sudamericana o cuando enfrente a un rival verdaderamente serio.
En ese contexto volvió a aparecer el verdadero salvador del equipo: Gastón Olveira, quien tapó un penal clave que evitó el empate. El arquero es, sin discusión, el mejor jugador de Olimpia. Paradójicamente, sus intervenciones terminan maquillando un rendimiento colectivo bastante pobre.
Del lado de Recoleta tampoco hubo demasiado para rescatar. El equipo tuvo varias oportunidades para abrir el marcador o igualarlo, pero sus definiciones fueron displicentes y tímidas. Esa falta de ambición explica por qué el conjunto canario sigue siendo un equipo de media tabla, sin jerarquía ni carácter para golpear en momentos decisivos.
Al final, Olimpia ganó. Pero otra vez dejó la impresión de que el resultado está muy por encima de lo que realmente produce en la cancha.




