En el siempre exigente escenario del estadio Arsenio Erico, Olimpia logró un triunfo sufrido ante Nacional por 2-1, cortando el invicto de la “Academia” y quedándose como único puntero del Apertura 2026. Pero más allá del resultado, el partido dejó en claro un patrón que ya preocupa en el Decano: arranca fuerte, pega temprano… y después se disuelve en el juego colectivo.
Desde el primer pitazo, el equipo dirigido por Pablo “Vitamina” Sánchez salió con todo, como suele hacer en cada compromiso. Aprovechó las imprecisiones rivales y a los 12 minutos Rodriguez encontró a Hugo Quintana, quien con un cabezazo preciso puso el 1-0 y desató los primeros gritos franjeados. Sin embargo, tras adelantarse en el marcador, otra vez se vio esa tendencia ya conocida: el Decano comenzó a perder protagonismo con la pelota, se plantó demasiado atrás y empezó a vivir del contragolpe más que del dominio del juego.
Nacional, consciente de esa grieta en el planteamiento franjeado, se fue metiendo cada vez más en campo rival. Con paciencia y mayor volumen de juego, mereció la igualdad y la obtuvo con un penal a favor antes del descanso, convertido por Ignacio Bailone. El VAR y las decisiones del árbitro Blas Romero aportaron polémica al choque, con decisiones que parecieron más favorables al local, lo que terminó de encender los ánimos en ambos bandos.
En el segundo tiempo, el trámite se volvió de ida y vuelta, aunque con Nacional manejando la pelota con mayor criterio. Pese a la predisposición ofensiva de los tricolores, les faltó claridad y profundidad, y terminaron pagando caro esa falta de concreción física y mental en los minutos finales.
Cuando el reloj ya miraba el final, y con el encuentro prácticamente dibujado para el empate, apareció Alex Franco para definir con una volea agónica y sellar el 2-1 que le da al Decano una victoria tan vibrante como cuestionable.
Lo de Olimpia sigue siendo un rompecabezas: sabe cómo golpear temprano y cómo aguantar con garra… pero no logra sostener una propuesta colectiva sólida una vez que se pone arriba, cediendo el control y exponiéndose a sufrir hasta el último suspiro.




