Los residentes de la aldea de Woro, en el estado nigeriano de Kwara, siguen enterrando a sus víctimas tres días después de que combatientes yihadistas mataran a 170 personas en una masacre que comenzó con una llamada engañosa a la oración.
“Cuando decían que venían a predicar, la gente creía que venían a predicar; por eso causaron tantas heridas y mataron a tantas personas”, declaró Muhammed Abdulkareem a Reuters. “Cuando empezaron los disparos, la gente dijo que esto ya no era predicar, que no era normal, y empezaron a huir para esconderse”.
“Matan a cualquiera que ven; solo a las mujeres no las tocan, pero si eres hombre, por muy pequeño que seas, te matan”, declaró otro residente. Se llevaron a nuestras mujeres al monte, pero mataron a todos los hombres que vieron, y quemaron todas las tiendas; la casa del jefe quedó reducida a cenizas.
El Gobierno de Nigeria, que atribuyó el ataque al grupo yihadista Boko Haram, no ha facilitado cifras oficiales de víctimas, mientras el gobernador de Kwara, Abdulrahman Abdulrazaq, habló de “al menos 75”, un número muy inferior a los 175 muertos confirmados a EFE por un líder comunitario de Woro.




