Hungría mantendrá una línea política propia, tanto en el plano interno como en el internacional, en un contexto de profundas transformaciones del escenario global. Así lo afirmó el primer ministro Viktor Orbán el pasado 5 de enero, al ratificar la continuidad del denominado “camino húngaro”.
Durante su conferencia de prensa internacional anual, realizada en Budapest, Orbán recordó que esta orientación estratégica guía a su gobierno desde 2010 y aseguró que seguirá siendo el eje de su gestión en los próximos años, especialmente frente a los desafíos vinculados a la energía y la migración.
El jefe de gobierno subrayó que la soberanía nacional está cada vez más condicionada por el acceso seguro a la energía, un factor que consideró clave para el desarrollo tecnológico y económico. En ese sentido, sostuvo que Hungría protege activamente su seguridad e independencia energética y cuestionó duramente las normativas energéticas de la Unión Europea, a las que calificó de “destructivas”. Según afirmó, su país se defiende de esas políticas tanto en el plano legal como en el político.
En materia migratoria, Orbán fue tajante al reiterar que Hungría no aceptará migrantes ni permitirá la instalación de campos de refugiados, y descartó cualquier posibilidad de que el país se transforme en un destino de inmigración. Asimismo, reafirmó el rechazo de Budapest a las políticas migratorias impulsadas por la Unión Europea.




