Un reciente informe del German Marshall Fund of the United States (GMF) advierte que cualquier acción militar de China contra Taiwán tendría consecuencias devastadoras para Beijing, afectando no solo su economía y su capacidad militar, sino también la estabilidad social y la proyección internacional del país. El análisis, dirigido por Bonnie Glaser y presentado este lunes, enfatiza que el objetivo de Xi Jinping de lograr el “rejuvenecimiento nacional” podría quedar gravemente comprometido si un conflicto se prolonga o termina en fracaso, según consignó Nikkei Asia.
La investigación destaca que el cálculo de riesgo de Xi es central para entender si Beijing podría optar por la fuerza. Cualquier acción contra Taiwán tendría profundas consecuencias políticas, económicas y estratégicas para la República Popular China y para el propio presidente, cuya legitimidad está vinculada a avanzar hacia el “Sueño de China” para 2049. La unificación de Taiwán es considerada esencial para ese objetivo, pero un conflicto militar conllevaría el riesgo de interrupciones económicas masivas, pérdidas militares significativas, disturbios sociales y sanciones internacionales, capaces de convertir la ambición de Xi en una pesadilla.
El GMF evaluó escenarios distintos para medir el impacto de un conflicto: un conflicto limitado de semanas, con enfrentamientos aéreos y marítimos y un bloqueo parcial de puertos taiwaneses, y una guerra mayor de varios meses, que culminaría con una derrota del Ejército Popular de Liberación (EPL) y la retirada forzosa de las fuerzas chinas. En este escenario extremo, China podría perder cerca de 100.000 efectivos, mientras Taiwán sufriría aproximadamente 50.000 víctimas militares y 50.000 civiles, y Estados Unidos y Japón registrarían miles de bajas.
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Los costos económicos serían igualmente alarmantes. China depende en gran medida del comercio exterior: cerca del 20 % de su PIB proviene de exportaciones, el doble que en Estados Unidos. Una guerra podría generar pérdidas de entre 2 y 10 billones de dólares, además de acelerar la reubicación de cadenas de suministro y la salida de inversión extranjera, minando los motores de crecimiento que sostienen su modelo económico.
En el plano social, un conflicto prolongado pondría a prueba la capacidad de control interno del Partido Comunista. El informe advierte sobre descontento popular, tensiones étnicas en Xinjiang y Tíbet, movimientos estudiantiles amplificados por redes digitales y sensibilidad extrema ante las bajas, especialmente en familias con un solo hijo. El aparato de seguridad interna podría contener episodios breves, pero una guerra extendida con daños al territorio continental superaría estos mecanismos.
Finalmente, el costo internacional sería severo. Un ataque a Taiwán podría provocar represalias diplomáticas, expulsión de embajadores, reconocimiento de la independencia de Taipéi y fracturas dentro de organismos internacionales como BRICS o la Iniciativa de la Franja y la Ruta. Según el GMF, el efecto acumulado sería devastador para la influencia global de China.
El análisis de los expertos, incluyendo a Logan Wright, Charlie Vest, Joel Wuthnow, Sheena Chestnut Greitens, Jake Rinaldi y Zack Cooper, concluye que Beijing no puede asumir que prevalecería en un conflicto sobre Taiwán. La historia de operaciones anfibias fallidas demuestra que un enfrentamiento fallido tendría consecuencias negativas graves para la economía, el ejército, la estabilidad social y la posición internacional del país.
El mensaje es claro: aunque Xi podría decidir arriesgarse por consideraciones políticas internas o percepción de amenazas externas, China se enfrenta a un costo potencial que supera ampliamente los beneficios inmediatos de la fuerza. Cualquier paso en falso hacia Taiwán no sería solo un desafío militar: sería un golpe multidimensional que podría poner en riesgo décadas de consolidación del poder chino.




