La captura de Nicolás Maduro por la administración Trump y su presentación ante tribunales federales de EE. UU. marca un punto de inflexión en la lucha contra el narcotráfico y el crimen transnacional. Maduro enfrenta múltiples acusaciones graves, y considerando que en los tribunales federales estadounidenses menos del 0,4 % de los acusados que van a juicio son absueltos, es altamente probable que enfrente una condena severa. Sin embargo, incluso los líderes más poderosos pueden intentar reducir sus penas mediante el sistema de cooperación con la fiscalía —lo que EE. UU. denomina “delación premiada”— ofreciendo información y testimonio a cambio de beneficios legales.
El narcotráfico que amenaza a Estados Unidos sigue una cadena altamente organizada. Colombia y Perú son los principales productores de cocaína, China suministra los precursores de opioides sintéticos, y Venezuela funcionaba como un puente hacia el Caribe, Centroamérica y la costa este de EE. UU. Pero, a pesar de su importancia, Venezuela no es el nodo central: ese rol le corresponde a México. El país azteca concentra y distribuye la droga, controlado por cárteles poderosos, convirtiéndose en el punto obligatorio de tránsito hacia el norte. En otras palabras, mientras otros países producen y facilitan, México organiza y decide cuándo y cómo la droga cruza hacia Estados Unidos.
Donald Trump ha advertido al gobierno mexicano sobre la posibilidad de usar fuerza o incluso ataques militares si no se intensifica la lucha contra los cárteles, aunque sin declarar formalmente una “intervención inminente”. La respuesta de Claudia Sheinbaum fue que México no aceptará presencia de fuerzas armadas extranjeras. Sin embargo, la persistente ineficiencia del gobierno mexicano, heredada en parte de la política de AMLO con su frase “abrazos, no balazos”, mantiene abiertas las rutas de los cárteles y la sensación de complicidad eleva la presión sobre Washington.
La operación en Caracas demostró que EE. UU. puede ejecutar acciones quirúrgicas fuera de su territorio cuando cuenta con inteligencia confiable y objetivos claros. México, por su importancia como hub logístico del narcotráfico, se encuentra ahora bajo un riesgo similar: aunque una intervención a gran escala es improbable, las acciones limitadas, golpes de mano, presiones selectivas y operaciones transnacionales contra líderes de cárteles y funcionarios cómplices son una posibilidad real.
La captura de Maduro debe servir de advertencia: la capacidad estadounidense para actuar de manera quirúrgica está demostrada, y la ineficiencia mexicana en la lucha contra el narcotráfico aumenta la vulnerabilidad del país. Claudia Sheinbaum debería tomar nota: la tolerancia al crimen organizado tiene un costo que, tarde o temprano, México tendrá que pagar.



