Empezaré por lo que debería estar en el final: primeramente, pondré la lista de los libros que, según mi criterio, considero claves para poseer los fundamentos claros y una comprensión acertada de la Historia del Paraguay; en la última parte de este artículo aparecerán, brevemente expuestos, mis criterios para esta selección.
De menos a más, estos son los libros clave de la historia paraguaya, a los que añado un breve comentario historiográfico:
10- CHIAVENATO, JULIO JOSÉ: «GENOCIDIO AMERICANO».
Empiezo con un trabajo controvertido, que «saca ronchas» hasta hoy, especialmente en la tierra natal de su autor, que es Brasil. Julio José Chiavenato despertó la polémica cuando dio nacimiento al auténtico «revisionismo histórico» brasileño. Esta publicación es una proclama y una consigna en donde se celebra la grandeza del Paraguay, que según Chiavenato era «la más desarrollada de las repúblicas sudamericanas» y al mismo tiempo, se desnuda con brevedad pero precisión al contubernio internacional que se conjuró para destruirla y que tuvo al Imperio del Brasil como principal protagonista del «genocidio paraguayo». Se critica al autor su marcada tendencia «izquierdista», sin embargo, la potente sustancia de la que está compuesta su obra es difícil de diluir con los detalles accesorios de su presunta línea casi «marxistoide». Dicho en el idioma de la claridad, en castellano: la verdad es verdad, no importa sí la escribe un comunista.
9- RODRÍGUEZ PARDO, JOSÉ MANUEL: «LA INDEPENDENCIA DEL PARAGUAY NO FUE PROCLAMADA EN MAYO DE 1811».
Doctor en Filosofía de la Universidad de Oviedo (y de la célebre «Escuela de Gustavo Bueno»), el español Rodríguez Pardo realizó, con una breve pero aguda obra, un justo y necesario replanteamiento histórico sobre el proceso de independencia del Paraguay, quizás el más tabú de los temas en nuestra historiografía, el que se relata con más «cuentos de hadas» y «versiones mitológicas» que pocos desean cuestionar. Con «pocas pero maduras» piezas, algunas largamente conocidas, el español mete una importante cuña y hace lo que se tiene que hacer con la historia: cuestionarla siempre, en especial en aquellas narrativas que se erigieron como supuestos «tótems» imposibles de remover.
8- FREIRE ESTEVES, GOMES: «HISTORIA CONTEMPORÁNEA DEL PARAGUAY 1869 – 1920».
Descendiente de portugueses, el autor vivió una adultez azarosa y romántica; militó por varias causas hasta el final de sus días, tuvo diferentes bandos políticos, fue un verdadero personaje como muchos de esos tiempos de locura en el Paraguay. Aunque se centra más en asuntos políticos y gubernativos, su trabajo listado sigue siendo el libro de referencia principal para conocer sobre este período turbulento y tempestuoso en la vida de nuestro país, lo que también nos demuestra que la historiografía paraguaya tiene muchísimo que hacer aún con ciertos períodos históricos.
7- KOLINSKI, CHARLES J.: «INDEPENDENCE OR DEATH. THE HISTORY OF THE PARAGUAYAN WAR».
Historiador estadounidense y antiguo profesor de la Universidad de Florida, es uno de los pocos anglosajones que se preocupó por analizar a la Guerra de la Triple Alianza (1864 – 1870) con profundidad y sin los sesgos propios de su oriundez. Tal vez esto sea por sus ancestros polacos, lo cierto es que presenta a la causa paraguaya con una luz favorable y denomina a Francisco Solano López Carrillo con el título de «The Iron Marshal» (el mariscal de fierro). Como todo libro, no es perfecto ni tampoco incuestionable en algunos aspectos, sin embargo, es una obra interesantísima para introducirse en la gran guerra hispanoamericana del siglo XIX. Lastimosamente, no está traducida al español.
6- GONZÁLEZ, ANTONIO E.: «HISTORIA INTEGRAL DE LA GUERRA DEL CHACO».
Es la obra magna sobre esta materia, nada más y nada menos que cinco volúmenes basados en extensa documentación e irrefutables comentarios del coronel Antonio E. González (el capítulo final y el epílogo quedaron inconclusos y se añadieron otros textos del autor a manera de cierre). El escritor fue uno de los protagonistas del conflicto y como muchos que no formaban parte de la «claque» de esa época, se atrevió a abordar cuestiones que algunos quieren seguir ocultando. Mención de honor a su trabajo «Preparación del Paraguay para la Guerra del Chaco», en dos tomos, que sirve de complemento a este texto. El coronel Antonio E. González es un gigante de la historiografía militar paraguaya, injustamente relegado por sus cuestionamientos severos a varios asuntos militares de la Guerra del Chaco, a pesar de que recientemente, este trabajo fue reeditado por Editorial El Lector.
5- CHÁVES, JULIO CÉSAR: «DESCUBRIMIENTO Y CONQUISTA DEL PARAGUAY Y DEL RÍO DE LA PLATA».
Trabajo inconcluso del más brillante de los historiadores paraguayos en el siglo XX; no obstante, la rigurosidad y objetividad de don Julio César Cháves, que realiza una impecable investigación bibliográfica y documental para su narrativa y sus conclusiones, convierten a este texto en una piedra angular para todo aquel que desee profundizar sobre la «época virreinal» del Paraguay en la Conquista durante el siglo XVI, centrándose en el proceso de fundación de la ciudad de Asunción y en la consolidación de la conquista en el Río de la Plata con las expediciones paraguayas a las futuras ciudades de la región, apelando a documentación inédita en muchos casos. Mención de honor a su libro «El Supremo Dictador», la mejor biografía sobre el doctor José Gaspar Rodríguez de Francia hasta la fecha, a pesar de que es imperfecta y de que cae en numerosos «locus communis» que le quitan un poco del lustre y de la brillantez del autor.
4- O’LEARY, JUAN E.: «LOS LEGIONARIOS».
Alguna vez, don Alcibíades González Delvalle afirmó que «la genialidad de O’Leary no está en un solo libro sino en toda su obra» (palabras más, palabras menos). Estoy de acuerdo con el señor, no obstante, sí es que se tiene que elegir un texto que represente a toda la potencia y la brillantez del gran reivindicador del heroísmo paraguayo, ese texto es «Los Legionarios», en dónde el autor se mete «en el fondo del pantano» para desnudar a la peor chusma del «antilopismo», personificada en la familia de Juan Francisco Decoud. Tal vez O’Leary no fue el más riguroso de los historiadores, pero sin duda alguna, fue el más influyente, el más penetrante, el más agudo y mordaz de todos ellos en el siglo XX. A eso se suma su alambicado estilo literario, con alma de poeta, que lo hace más perenne e inmortal. Los que dicen que «la poesía nada tiene que ver con la historia», jamás en sus vidas leyeron al gran Aristóteles… Lo dejamos allí.
3- POMER, LEÓN: «LA GUERRA DEL PARAGUAY. ESTADO, POLÍTICA Y NEGOCIOS».
Aparece el primer argentino, de los muchísimos que hicieron un inmenso esfuerzo para reivindicar al Paraguay de Francia y los López. El poderoso «revisionismo histórico» del vecino país dio un vuelco decisivo a la historiografía regional, a pesar de sus detractores, que nunca pudieron combatir contra su juvenil rebeldía. En este caso, León Pommerantz, de familia de orígenes judíos, más alineado a un «revisionismo de izquierda», realizó un trabajo cuidadoso, esmerado, en el que trazó a los intereses financieros de la banca británica como factor vinculante y gravitante para articular a la Triple Alianza contra Paraguay y también para provocar el conflicto bélico. Al igual que Chiavenato, Pomer fue cuestionado por sus tendencias marxistas, lo que de ninguna manera invalida a las tesis que planteó a lo largo de sus obras sobre la historia rioplatense.
2- BRAY, ARTURO: «SOLANO LÓPEZ. SOLDADO DE LA GLORIA Y EL INFORTUNIO».
Con numerosos errores, lugares comunes, deficiencias en varios capítulos y aspectos generales, no obstante, el trabajo más popular y mejor logrado del coronel Arturo Bray es, hasta la fecha, la más «aceptable» de las biografías que se escribieron sobre el héroe máximo del Paraguay y de la América Española, el mariscal presidente don Francisco Solano López Carrillo, el personaje clave de la historia rioplatense. Súmase a esto que Bray escribía con una finura y una elegancia de prosista poético, imitando quizás a don Juan E. O’Leary en ese sentido, e inclusive, superándolo por momentos. Hasta hoy, el relato de Bray sobre la batalla de Cerro Corá arranca lágrimas.
1- GARCÍA MELLID, ATILIO: «PROCESO A LOS FALSIFICADORES DE LA HISTORIA DEL PARAGUAY».
La República del Paraguay tiene una deuda con este argentino, bonaerense y bien porteño además, que escribió la obra superlativa de la reivindicación a nuestro país y de execración universal en contra de la Triple Alianza y de los enemigos históricos del pueblo paraguayo. El doctor Atilio García Mellid fue diplomático en tiempos del general Juan Domingo Perón, embajador en Canadá, se formó bajo la tutela de gigantes del «nacionalismo católico» argentino como el padre Julio Meinvielle y el padre Guillermo Furlong. Su trabajo citado, en dos tomos, es la obra superlativa del «revisionismo histórico» en la República Argentina, que paradójicamente, encuentra su piedra angular siempre y en todo lugar en el sacrificio homérico, heroico e inigualado del Paraguay, detrás de su caudillo y mártir, el mariscal López. Con una pluma aguerrida contra los enemigos del pueblo paraguayo (que eran los enemigos de la Argentina, según García Mellid) y meliflua para cantar a las grandezas del Paraguay y a la belleza inalcanzable de su gloriosa inmolación, hasta hoy es la obra máxima e inigualada sobre nuestra historia. Con voz de poeta, con prosa de combatiente, con la convicción de un hombre de fe, así escribió y así se consagró a la defensa del Paraguay. Contra sus textos fervorosos y sublimes, lo único que pueden hacer sus detractores es acusarlo de ser un «ultra nacionalista fanático religioso». ¡La paradoja es que este supuesto «ultra nacionalista» está exaltando a un país extranjero, es decir, al Paraguay, no a su Argentina natal! ¡Qué ridículos e ínfimos son los «antílopes» del mundo entero!
Se dice que el mismo general don Juan Domingo Perón consideraba a este libro del doctor Atilio Eugenio García Mellid como «la obra máxima» del revisionismo histórico rioplatense y no era para menos, pues tanto en la narrativa como en la extensa utilización de testimonios y documentación, es prácticamente irrefutable. De hecho que pocas personas saben que los libros de don Atilio García Mellid fueron quemados a la vista del público, se dice que al menos en un par de ocasiones, en Buenos Aires. La primera, en gran escala, ocurrió en una plaza pública de la ciudad porteña en 1955, tras el derrocamiento del general Perón. La segunda ocasión, ya mucho más acotada pero igualmente deleznable, supuestamente sucedió en las aduanas de Buenos Aires cuando el autor, que vivía exiliado en Montevideo, intentó hacer pasar copias de sus libros, que fueron interceptadas y quemadas en 1968.
Criterios y colofón
Algunos creen que los libros de historia deben estar exentos de consideraciones ideológicas. Yo soy de los que afirma lo contrario por una sencilla razón: se debe ser sincero y auténtico a la hora de relatar, explicar y fundamentar los acontecimientos de relevancia histórica, sin ocultamientos de sus propias posturas, creencias o doctrinas.
Los seres humanos, por nuestra propia naturaleza, «creemos en algo»; incluso aquellos que se declaran «librepensadores» y «perfectos relativistas» en términos filosóficos, al adoptar dichos postulados, ya están implicando y asumiendo un «posicionamiento» que como tal, va generando sesgos a la hora de interpretar hechos, relatos, documentos, testimonios y versiones.
Es decir, en resumidas cuentas, que «no existe el historiador libre de ideologías y sesgos». En cambio, abundan aquellos que pretenden mostrarse a sí mismos como «absolutamente objetivos y neutrales» pero que al hacerlo, simplemente están timando a sus lectores incautos. ¡No caiga en esa trampa, querido amigo!
Tenga encendidas las alarmas, mantenga las posiciones defensivas y a los centinelas en atenta vigilancia cuando alguien les diga «no hay que tener posturas sobre tal o cual cosa» porque allí mismo, Ud. se encuentra delante de una persona que ya está tomando posturas enfrente de sus propias narices. ¡Es psicología básica!
Esta aclaración es sumamente necesaria para hablar de los libros más importantes en la historiografía paraguaya, es decir, los fundamentales, los que toda persona que quiere comprender a cabalidad los acontecimientos que marcaron los rumbos de este país, debe leer necesariamente.
¿Y desde qué óptica los presento? La mía, por supuesto. La que trato de defender desde que tengo uso de razón, con mis aciertos y desaciertos. ¿Cuál es esa óptica? Resumiré diciéndolo así: soy Católico Apostólico Romano, hace varios años asisto al Divino Sacrificio dominical sin falta (exceptuando durante unas semanas en la primera etapa de las absurdas cuarentenas a las que nos forzaron durante la pandemia de COVID) y a veces tengo la inmerecida gracia de estar en la Santa Misa en otros días que no son el domingo. Es más, inclusive cuando viajo con mi esposa e hijos, lo primero que hacemos es cerciorarnos en donde está el templo católico más cercano, y la hora de su misa dominical, en la ciudad en donde nos toque hospedarnos.
En segundo lugar, soy paraguayo. Otra inmerecida bendición que trato de venerar como Dios manda cuando nos dice que «honremos a padre y madre». Al fin y al cabo, nos explica santo Tomás de Aquino (las negritas son mías):
«De dos maneras se hace un hombre deudor de los demás: según la diversa excelencia de los mismos y según los diversos beneficios que de ellos ha recibido. En uno y otro supuesto, Dios ocupa el primer lugar, no tan sólo por ser excelentísimo, sino también por ser el primer principio de nuestra existencia y gobierno. Aunque de modo secundario, nuestros padres, de quienes nacimos, y la patria, en que nos criamos, son principio de nuestro ser y gobierno. Y, por tanto, después de Dios, a los padres y a la patria es a quienes más debemos. De ahí que como pertenece a la religión dar culto a Dios, así, en un grado inferior, pertenece a la piedad darlo a los padres y a la patria. Mas en el culto de los padres se incluye el de todos los consanguíneos, pues se los llama así precisamente porque proceden de los mismos padres, como consta por las palabras del Filósofo en el VIII Ethic.. Y en el culto de la patria va implícito el de los conciudadanos y el de todos los amigos de la patria. Por lo tanto, a éstos principalmente se extiende la virtud de la piedad». [Tomás de Aquino, «Suma de Teología», II – II, q. 101, a. 1, co].
Respaldado en el Angélico Doctor, que nos dice que «después de Dios» corresponde el «culto a la patria», procedo a la tercera consideración, fundamental para comprender a la lista que procederá a continuación. Como católico y paraguayo, creo en «la Verdad que nos hará libres». En ese espíritu, estudio a la historia (a veces conscientemente, a veces sin que me dé cuenta) como una búsqueda constante y permanente del sacrificio de Jesucristo en todas las cosas, sustentándome en el perenne magisterio de la Santa Iglesia, que nos dice a través del difunto papa Benedicto XVI:
«Defender la verdad, proponerla con humildad y convicción y testimoniarla en la vida son formas exigentes e insustituibles de caridad. Ésta «goza con la verdad» (1 Co 13,6). Todos los hombres perciben el impulso interior de amar de manera auténtica; amor y verdad nunca los abandonan completamente, porque son la vocación que Dios ha puesto en el corazón y en la mente de cada ser humano. Jesucristo purifica y libera de nuestras limitaciones humanas la búsqueda del amor y la verdad…». [S.S. Benedicto XVI, «Caritas in Veritate», 1].
Por último, recuérdese que «el liberalismo es pecado». Esto no necesita de muchas explicaciones, está comprobadísimo por el magisterio católico, y punto.
Pero bueno, he allí la lista, señoras y señores. Usted sacará, por supuesto, sus propias conclusiones. ¿Falta alguien por citar? Seguramente, seguramente… Pero por algo no entran en este selecto grupo. Algún día me encargaré de explicar a ciertas omisiones. Por el momento, que esto baste y sobre.