Inicio Analisis ¿Ideología de género prohibida por ley? Sí, pero no

¿Ideología de género prohibida por ley? Sí, pero no

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En el día de hoy, se presentó ante la Cámara de Senadores, un proyecto de Ley «Por el cual se prohíbe la promoción, fomento o enseñanzas de la ideología de género en las instituciones educativas del país».

La iniciativa fue de los senadores Gustavo Leite, Lizarella Valiente, Natalicio Chase, Derlis Maidana, Basilio Núñez, Pedro Diaz Verón, entre otros.

En la propuesta se indica que la prohibición deberá ser aplicada sin excepción en todos los niveles académicos todas las escuelas y colegios del país, sean públicos o privados. Asimismo, estipula que el incumplimiento, en caso de aprobarse, será motivo de sanciones de “índole penal y/o administrativo”.

Lo que puede ser una iniciativa de intenciones loables, genuinas y hasta de implementación necesaria, de plano, tal y como está, es un proyecto inviable, improcedente y a todas luces inconstitucional. No es factible prohibir lo que no existe ni está definido, delimitado, enmarcado en el ordenamiento jurídico nacional: «La ideología de Género».

Es más, si ampliamos la mirada, hasta si se quiere, podrían estar dando pie a que se le de vida dentro la ley, cosa que no creo que sea de agrado.

Por otro lado, también es importante resaltar, que si se llegare a aprobar, no va afectar a la Ley Nº 6659 que “APRUEBA EL CONVENIO DE FINANCIACIÓN ENTRE LA UNIÓN EUROPEA Y LA REPÚBLICA DEL PARAGUAY PARA EL PROGRAMA DE APOYO A LA TRANSFORMACIÓN DEL SISTEMA EDUCATIVO EN PARAGUAY, Y SUS ANEXOS”, debido a que no existe retroactividad de la ley.

Desconozco si la iniciativa es de presidente Santiago Peña. Si lo que se pretende es blindar con la fuerza de una ley al MEC, toda injerencia extranjera en la construcción del Plan Nacional de Educación, el proyecto de ley debiera ser re configurado para que sea procedente, jurídicamente. No se si esto obedece al desconocimiento o a la inexperiencia legislativa, o si les ganó la emoción y la premura por dar una señal política ante la designación del próximo ministro de Educación y la expectativa de ver reflejadas las promesas de campaña.

Lo cierto, es que la mayoría de los votantes ha respaldado la visión y el clamor de una buena parte de la sociedad, de las familias paraguayas que han dicho NO a la ideología de género en la educación. Mucho que ver, en la victoria colorada, tienen las promesas de campaña de velar a favor de la vida y de la familia, y si la intención es materializar normativamente la protección ante toda injerencia que pretenda introducir ideologías foráneas en nuestra educación, ésta no es la forma y tal vez, tampoco, la vía.

Repasemos las afirmaciones del presidente electo Santiago Peña, a propósito:

“Vamos a defender al Paraguay y lo que los paraguayos queremos. Nosotros tenemos la ventaja que ya no necesitamos la beneficencia de nadie, no necesitamos donaciones. El que nos quiere regalar plata, perfecto, para lo que nosotros queramos hacer. Pero nunca más, donación para hacer la agenda de otros países. Nunca más. ¡Nunca más! Y eso es una posición crítica que yo tuve cuando era Ministro de Hacienda, cuando le senté en la mesa a muchos de los organismos de financiamiento, porque esto no es solamente las ongs y los grupos globalistas, también viene a través de las agencias multilaterales de crédito y te dicen “che, tenemos un consultor que tiene experiencia en este tema y quiere desarrollar un tema”. Ah sí… ¡que bien! Y después ya viene un crédito atado a eso y nosotros muchas veces no sabemos decir que no… Tenemos que saber decir que no, no tiene que haber problema en decir “no, eso no quiero”.

¿Y saben qué? No hay merienda gratis, no hay almuerzo gratis. Todos tienen un interés. Todos…”

Quizás lo que debamos bogar entonces, es por la despolitización, autonomía y transparencia del MEC, por devolverle la gobernanza, institucionalidad y la autoridad como rector de la educación.

No hay dudas que deben ser los paraguayos, el MEC, quien defina y transparente cuál es la educación que queremos para los paraguayos, y quien decida, también, el destino de los recursos sin condicionamientos foráneos.

La Ley 6659 que “APRUEBA EL CONVENIO DE FINANCIACIÓN ENTRE LA UNIÓN EUROPEA Y LA REPÚBLICA DEL PARAGUAY PARA EL PROGRAMA DE APOYO A LA TRANSFORMACIÓN DEL SISTEMA EDUCATIVO EN PARAGUAY, Y SUS ANEXOS”, va absolutamente en contra de lo que estamos afirmando, pues establece, literalmente, tanto la gobernanza como el destino de los recursos, a manos de la Unión Europea, no del MEC. Entonces, ¿qué haremos con esa Ley?

La diplomacia paraguaya tendrá que mostrar sus habilidades y encontrarle la vuelta, pues no basta la derogación de la ley. Tampoco basta con prescindir de esta ley y de dicho Convenio, pues si queremos devolver la institucionalidad y la autoridad al MEC, deberemos revisar también, la Ley Nº 4758 que “CREA EL FONDO NACIONAL DE INVERSIÓN PUBLICA Y DESARROLLO (FONACIDE) Y EL FONDO PARA LA EXCELENCIA DE LA EDUCACIÓN Y LA INVESTIGACIÓN”, que delega inapropiadamente cuestiones fundamentales, como el manejo del presupuesto de los fondos.

De paso y, por último, es necesario, tarde o temprano, definir conceptos como “ideología de género”, “enfoque de derechos”, “enfoque de género”, “interculturalidad”, “inclusión”. Y lo tiene que hacer el propio Ministerio de Educación y Culto.

Es una tarea desafiante pero necesaria. Y antes que lo específico, amerita definir la noción de “ideología”, que hoy es una realidad tan viva como necesaria para dar sentido a los procesos educativos y fundamental en la teoría educativa.

Aquí podríamos mencionar, por ejemplo, la clarificadora definición de Marín (1976) de educación como realización de valores en el individuo y en la sociedad, pero no de uno ni parte, sino de todos y en armonía. La ideología no tiene finalidad en sí misma, se trata de ofrecer un ambiente rico en valores, para que el sujeto integre los pertinentes con el fin de que estructure su yo de modo ajustado. Esto trae la necesidad de plantear los idearios de los centros como conjunto coherente de normas y valores. Consiguientemente, esto nos plantea relacionar las proposiciones con los interrogantes siguientes: ¿Cómo elaborar el proyecto educativo de los centros?; ¿Han de beber todos de idéntico ideario?; ¿Se ha de uniformizar el proyecto, por deductivismo como procedía el idealismo?, ¿Ha de procurarse una jerarquía de valores?; ¿El proyecto pedagógico se desprende de las directrices de los ministerios?; ¿Cómo han de intervenir los diversos estamentos de los colegios?, etc.

Este planteamiento tiene fundamental relevancia para la vida académica y los centros de educación especializada. Toda institución se estructura en tres dimensiones culturales (Shipman): instructiva, formativa y expresiva. Tanto el ideario como el proyecto educativo es lo que da sentido a las partes.

La ideología es un sistema de representaciones, ideas de valor y normas que sirven al individuo, a un grupo social o a una sociedad entera para interpretar el sentido del mundo. A este conjunto organizado de ideales les pone el rango de valores y normas. Esto mismo es lo que integra y les capacita a sus miembros para la acción (Lemberg, 1971). Esto trae consecuencias decisivas de cara a la fundamentación de la teoría educativa. Carr (1990: 155), citando a Peters, atribuye a la teoría analítica la idea de que la razón no puede desarrollarse en un vacío social. La condición para rellenarlo es la inclusión de principios de vida democrática: libertad, tolerancia, igualdad, respeto.

Desde que se quebraron los 100 años de paz (1815 a 1914) se han formulado análisis de la enfermedad de nuestra civilización. Los principales son: Spengler: La decadencia de Occidente; Ortega: La rebelión de las masas; Huxley: El orando feliz; Galbraith: Sociedad opulenta; Fanón: Los desdichados de la tierra; Marcuse: Eros y civilización; Club de Roma: Los límites del crecimiento; Russell, Eliot, Fromm, Maslow, Koestler, Steiner, etc. Lo común a todos: Sin una escala de valores aceptada e interrealizada voluntariamente por todos, nuestra civilización se resquebraja incapaz de sostenerse frente a la tecnología y su motor, el dinero.

¿Cuáles son los nuestros?

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