La política del odio

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Tiempos difíciles los que no tocan; tiempos difíciles más allá de la pandemia, tiempos de populismos que se asoman luego de haberse perdido los antiguos anclajes políticos.

Los populismos, como se sabe, alteran y reconfiguran las personalidades basados en el egoísmo y, de paso, degradan aún más la calidad democrática de los países.

En nuestro caso, imaginamos varios actores que podrían intentar sembrar odio en la sociedad paraguaya pero nunca pensamos en el Dr. Guillermo Sequera, era impensado este nombre hasta el inicio mismo de la campaña y, mucho menos, pensaríamos que utilizaría el casamiento de una joven, independientemente de quien se su padre.

Hábil declarante, el Dr. Sequera afirmó que: “el protocolo estaba muy bien. Lo único que faltaba era asegurarse de que nadie tenga el virus y bueno, genial, se hizo”, para inmediatamente después afirmar que dejaba una sensación de “inequidad tremenda ¿qué te puedo decir? Vivimos en un país que permite que el poder económico que pueda hacer lo que quiera cuando tiene la capacidad de comprar”. Esto, a sabiendas que estas últimas palabras serían las que terminarían minando el ánimo de una sociedad desgastada por ellos mismos y por la corrupción del ministerio al cual representa.

Nicolás Maquiavelo, en su célebre “El Príncipe”, escribió que el odio como el terror, es un instrumento al servicio de intereses políticos aunque, al mismo tiempo, advirtió que los líderes amados son susceptibles de ser traicionados, mientras que los odiados pueden llegar a ser suprimidos de manera violenta.

Según el diccionario “Conceptos fundamentales de la ciencia política”, el populismo “Es un movimiento político heterogéneo caracterizado por su aversión a las élites económicas e intelectuales, por la denuncia de la corrupción política que supuestamente afecta al resto de actores políticos y por su constante apelación al pueblo, entendido como un amplio sector interclasista al que castiga el Estado”. En otras palabras, crea un mundo fantasioso, dicotómico, donde deja de haber un “todos” para dar lugar a un peligroso “nosotros” y “ellos” o, mejor dicho, un “nosotros” contra “ellos”.

De esta forma, aquellas personas a las que el Dr. Guillermo Sequera representa y les da voz, buscan en el odio una herramienta capaz de darle sentido a su estrategia discursiva de miedo y así movilizar psicológica y políticamente a una sociedad que, de otro modo, tal vez nunca sería movilizada por sus dispares situaciones sociales. Unificar demandas disímiles y a la vez definir protagonistas y antagonistas es un juego peligroso que no todos saben jugar, deberían ser más prudentes.

ND

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