El Gobierno de Brasil analiza una respuesta de carácter comercial y diplomático frente a las recientes medidas adoptadas por Estados Unidos, en una escalada que podría abrir un nuevo frente de tensión entre ambos países.
A través de un comunicado, el Palacio del Planalto informó que la administración de Luiz Inácio Lula da Silva estudia la aplicación de medidas de reciprocidad frente a las decisiones impulsadas por Washington. La evaluación se realiza bajo el marco de la Ley de Reciprocidad Económica de Brasil (Ley N.º 15.122/2025).
“Estamos realizando un análisis para determinar si las medidas unilaterales adoptadas por EE.UU. se encuadran en la Ley de Reciprocidad Económica de Brasil”, señaló el Gobierno brasileño.
En la práctica, este mecanismo podría permitir a Brasil establecer aranceles más elevados sobre determinados productos estadounidenses, encareciendo su ingreso al mercado brasileño como respuesta a las medidas aplicadas por Washington.
La reacción de Brasil no se limitaría al terreno comercial. El Gobierno también decidió mantener pendiente el otorgamiento del placet al diplomático Daniel Pérez, propuesto para encabezar la Embajada de Estados Unidos en Brasilia.
Según la posición expresada desde el Palacio del Planalto, la decisión quedaría para después de las elecciones brasileñas, debido a la preocupación de que la presencia del diplomático pueda eventualmente derivar en una “injerencia indebida” en el proceso electoral.
Lula endurece el discurso
El presidente Luiz Inácio Lula da Silva cuestionó públicamente la presión estadounidense para acelerar la aprobación del representante diplomático.
“Quieren que yo acepte apresuradamente el agrement de su embajador. Ahora, eso ocurrirá solo después de las elecciones”, afirmó el mandatario.
Lula también puso en duda la demora de Washington en designar un embajador para Brasil y planteó: “Si el embajador de EE.UU. es importante en Brasil, ¿por qué pasaron un año y seis meses sin enviar un embajador aquí?”.
El presidente brasileño fue todavía más contundente al referirse a las acusaciones estadounidenses relacionadas con productos importados y las condiciones laborales bajo las cuales fueron fabricados.
“Nadie le va a ganar a Brasil con mentiras”, sostuvo Lula, quien interpretó las afirmaciones sobre productos fabricados con trabajo esclavo como un ataque dirigido contra China.
Brasil habla de persecución
La postura del Ejecutivo brasileño también encontró respaldo dentro del área económica. El ministro de Industria, Marcio Elías Rosa, calificó las acciones estadounidenses como “terribles” y sostuvo que, a su criterio, existe una persecución contra Brasil.
“Esto no es una cuestión económica, ni técnica ni diplomática”, afirmó el ministro.
La combinación de las medidas comerciales que Brasil estudia aplicar, la demora en aprobar al nuevo embajador estadounidense y las declaraciones de Lula elevan el tono de una relación bilateral que atraviesa un momento particularmente sensible.
Si finalmente Brasil activa los mecanismos previstos en su legislación de reciprocidad, la disputa podría trasladarse directamente al comercio bilateral, con consecuencias para empresas y productos de ambos países.
Por ahora, Brasil mantiene abierta la evaluación jurídica y económica de las medidas estadounidenses. Pero el mensaje político desde Brasilia ya es claro: el Gobierno de Lula no pretende responder pasivamente y prepara herramientas para devolver la presión en el terreno comercial y diplomático.




