El Clausura comenzó de la peor manera para Olimpia. No solo por la derrota 1-0 ante Libertad en el Defensores del Chaco, sino por la preocupante imagen que dejó un equipo lento, sin ambición, carente de ideas y, lo más alarmante, completamente dominado por el miedo cuando pisa el área rival. El Decano tuvo mayor tiempo la pelota en varios pasajes del encuentro, pero la posesión volvió a ser un dato vacío, incapaz de transformarse en situaciones claras de peligro.
Incluso cuando parecía encontrar un alivio en el arranque, el fútbol le recordó rápidamente su realidad. A los tres minutos, Romeo Benítez llegó a convertir tras un centro de Eduardo Delmás, pero el VAR anuló correctamente la acción por una posición adelantada previa de Braian Romero. A partir de ahí, Olimpia se apagó por completo.
Fernando Cardozo volvió a quedar en deuda. Lejos de desequilibrar por las bandas, fue una sombra, sin peso ofensivo ni personalidad para asumir responsabilidades. Igual de preocupante fue lo de Richard Sánchez, prácticamente desaparecido durante el tiempo que estuvo en cancha. Ninguno aportó soluciones cuando el equipo más las necesitaba y ambos terminaron siendo parte del enorme problema futbolístico del Franjeado.
Tampoco puede quedar exento Gastón Olveira. El arquero continúa mostrando un nivel muy por debajo del que alguna vez lo convirtió en figura. Cada partido transmite menos seguridad y su rendimiento sigue en una preocupante curva descendente, dejando dudas en acciones donde antes ofrecía garantías.
Del otro lado, Libertad tampoco exhibió un fútbol brillante. El estreno de Nelson Haedo Valdez mostró a un equipo que también evidencia desgaste físico, con jugadores lentos e imprecisos en la elaboración. Sin embargo, tuvo una virtud que hoy Olimpia parece haber perdido: fue certero cuando el partido lo exigió.
El único gol llegó gracias a Rodrigo Villalba, que aprovechó el momento justo para desnivelar y darle al Gumarelo un triunfo merecido después de generar las ocasiones más claras del encuentro, aunque también desperdició varias por falta de precisión. ([ABC][1])
Mientras Libertad suma tres puntos con margen para crecer, Olimpia deja una sensación mucho más inquietante. No solo perdió un clásico. Perdió intensidad, confianza y carácter. Y cuando un grande juega con semejante temor frente al arco rival, el problema ya no pasa únicamente por el funcionamiento: pasa por la identidad.




