“¿Cuál es el problema que sea de izquierda, progresista, comunista, incluso? ¿Me descalifica la ideología que asuma? declaró la periodista Menchi Barriocanal mientras calificaba de neo-stronista al ministro del Ministerio de Tecnologías de la Información y Comunicaciones (MITIC), el señor Gustavo Villate, quien había referido que cierto colega del diario ABC Color era activista de izquierdas, o comunista. Bueno, respondiendo a su primera pregunta sí es un problema, señora Menchi, porque el comunismo fue la ideología totalitaria que inspiró el asesinato masivo de ciento cincuenta millones de personas, solamente en el siglo XX, por lo tanto, es inmoral que alguien se declare comunista después de semejantes antecedentes históricos. Si a usted, señora Barriocanal, le parece inmoral una persona neo-stronista, lógicamente debería parecerle aún más inaceptable que alguien se declare abiertamente comunista, a menos que, en este caso, como en otros similares, no gobierne la lógica y usted sienta más afinidad con esa ideología. Entonces, respondiendo a su segunda pregunta ¿Me descalifica la ideología que asuma? Sí, señora, si es el comunismo, sí, le descalifica moralmente la ideología que usted asuma. Las personas que portan y defienden las banderas del comunismo no tienen derecho a dar lecciones de moral a los demás luego de exponer semejantes credenciales históricas. Si usted considera que no es un problema, desde el periodismo, reivindicar la ideología de un Fidel Castro o un Che Guevara usted pierde su derecho de señalar a quien reivindique a Stroessner o a Pinochet. Se llama coherencia y es el atributo extraviado de cierto periodismo militante.
Comunicacionalmente, el truco periodístico de activistas con micrófonos es declarar la existencia de un artificial divorcio entre las creencias y las acciones, sugiriendo que, ellos, los periodistas, claro, son ángeles con alas que actúan más allá del bien o del mal de las creencias políticas que los movilizan. Sin embargo, como decía el filósofo y sociólogo francés Raymond Aaron, la ideología es el fundamento esencial de la acción, y nadie, ni siquiera los periodistas, puede sustraerse de esa realidad. “El pensamiento siempre precede a la acción”, nos enseñaba el agudo economista austriaco Ludwig Von Mises, y añadía que “la acción humana se guía por ideologías”. En síntesis, las personas no actúan en un vacío ideológico y sus comportamientos exponen sus creencias más profundas ¿Es la ideología de un periodista importante para entender el tipo de periodismo que realiza? Por lo expuesto más arriba está suficientemente probado que sí.
Por su parte, la periodista Mabel Renfhelt, del mencionado diario ABC Color, espetó que Villate es un bruto, un cavernícola y alegó que no se puede descalificar a un ser humano por tener ideología, y encima, ideología de izquierda ¿Y yo me pregunto por qué no? ¿Acaso la ideología de izquierda, el comunismo, no fue el sistema de pensamiento que motivó el asesinato de ciento cincuenta millones de personas en el siglo XX? Luego, la comunicadora, sugirió una falsa equivalencia explicando, con excesiva confianza creo yo, que señalar a alguien de comunista es como creer en el pombero o en el luisón, cuando todos sabemos que la comparación es engañosa: el comunismo es una ideología que promueve el asesinato político y fue una de las realidades más dolorosas del siglo XX. Ciento cincuenta millones de muertos lo demuestran. El pombero es un ser mitológico que no mató nadie, señora. Su falsa analogía sirve como chascarrillo, pero no puede ser tomado como un argumento serio.
Usted, señora Mabel, acusa a sectores del partido colorado de fachos, ignorando que el fascismo, que usted les atribuye, también es de izquierdas; la izquierda que, por cierto, usted asegura que no existe, como el pombero ¿Recuerda? ¿Acaso Benito Mussolini no había sido militante socialista toda su vida cuando creó el fascismo? La expresión de la Doctrina del fascismo de Giovanni Gentile y Benito Mussolini: “Todo en el estado, nada contra el estado, nada fuera del estado” _ ¿acaso parece una expresión de derecha capitalista, individualista y pro-libre mercado o de estatismo intervencionista, colectivista y contrario a la propiedad privada? Si la izquierda es colectivista, y lo es; y la derecha individualista, y lo es; entonces el fascismo es necesariamente de izquierdas, señora Mabel. Le sería bueno estudiar el tema.
Hace casi dos años, el 19 de setiembre del 2024, escribí en InformatePy, un artículo denominado “El periodista, político profesional”,donde expresé:
Que un periodista posea simpatías políticas me parece excelente; que las quiera esconder, me parece peligroso para la profesión; pero que muchos periodistas de índole progresista utilicen la pretensión de objetividad como falsa bandera para erigirse en pretensos dueños de la verdad me es simplemente repugnante. Es una forma de prostitución del oficio y el antídoto sugerido para salir de este atolladero ético es sencillamente declarar nuestros puntos de partida ideológicos al actuar como comunicadores. La gente debe saber desde dónde, ideológicamente hablando, le estamos comunicando. Ya Max Weber, en su obra “El científico y el político” (1919), advertía que «solo el periodista es político profesional y sólo la empresa periodística es, en general, una empresa política permanente».
La declaración facilista del periodista militante de que las ideologías no importan es sencillamente propaganda al servicio de ciertos intereses particulares. El periodista no es un ángel con alas, que se mueve más allá del bien y del mal, es un ser humano, de carne y huesos, con ideas, valores e ideologías, que se traducen preferencias, las cuales catalizan y orientan su acción, pre-configuran la selección de sus temas periodísticos y constituyen el marco de referencia desde el cual actúan en su labor informativa. Incluso influyen en la elección de las palabras que, deliberadamente, utiliza. Nunca, nunca un periodista, ni nadie, actúa, desde el vacío ideológico. Lo digo yo, con conocimiento de causa, que también ejerzo el periodismo (Todos mis lectores conocen mis ideas políticas abiertamente. Nunca me he declarado neutral). Confesarlo claro y fuerte es un imperativo ético en la profesión y, quizás, el principio de cierto tipo de inmunización contra la mentira más rentable del más profesional de todos los políticos: el periodista.



