En Buenos Aires no hubo milagro azulgrana. Hubo, sí, una demostración enorme de personalidad de un equipo paraguayo que entendió perfectamente qué partido debía jugar y cómo lastimar en el momento exacto.
Deportivo Recoleta venció 0-1 a San Lorenzo de Almagro en el Nuevo Gasómetro y selló una clasificación histórica a los octavos de final de la Copa Sudamericana, resistiendo un verdadero bombardeo durante noventa minutos.
Desde el arranque el equipo de Boedo salió empujando con intensidad y llenando el área paraguaya de centros y remates. Mathías de Ritis avisó dos veces en los primeros minutos y luego Rodrigo Auzmendi quedó mano a mano, pero allí empezó a construirse la figura gigantesca de Nelson Ferreira. El arquero de Recoleta sostuvo a su equipo cuando más sufría, achicando espacios, imponiendo seguridad y transmitiendo una tranquilidad clave para una defensa que trabajó al límite durante toda la noche.
Pero Recoleta no fue un improvisado colgado del travesaño. Nada de romanticismos baratos ni de la típica mirada condescendiente hacia “el humilde club de barrio”. Recoleta fue un equipo pragmático, inteligente y compacto. Supo esperar y supo sufrir. Y cuando encontró el espacio, golpeó con una contra letal.
A los 37 minutos llegó el mazazo. Tras un avance mal resuelto por San Lorenzo, Juan Franco interceptó un balón y activó rápidamente a Pedro Ríos, que arrancó desde campo propio y condujo con decisión. Ya cruzando el mediocampo, filtró un pase perfecto para Allan Wlk, quien tuvo tiempo para acomodarse y sacar un zurdazo implacable que dejó sin reacción a Orlando Gill. Una transición perfecta, quirúrgica y devastadora.
El segundo tiempo fue resistencia pura. San Lorenzo atacó con orgullo y desesperación, acumuló remates, centros y situaciones, pero chocó permanentemente contra una estructura paraguaya ordenada y contra un Ferreira monumental, especialmente en un mano a mano decisivo ante Alexis Cuello.
Y ni siquiera el penal de la última jugada alteró el destino. Orlando Gill se reivindicó atajándole el disparo a Wlk, pero ya era tarde. Recoleta había hecho lo necesario para quedarse con una noche inolvidable.
Este equipo tal vez hoy tenga como prioridad mantenerse en Primera División en Paraguay, pero internacionalmente dejó algo clarísimo: tiene carácter, convicción y una idea muy clara de lo que quiere ser. Y si alguna vez consigue consolidar una base futbolística sólida e invertir seriamente, noches como la de anoche podrían ser apenas el comienzo de algo mucho más grande.




