Cerro Porteño terminó el Apertura como empezó el año: desordenado, soberbio y totalmente desconectado de la realidad. La derrota 2-1 ante Recoleta en el Arsenio Erico no solamente enterró sus últimas posibilidades matemáticas de pelear el campeonato, sino que además expuso la enorme irresponsabilidad con la que el club manejó toda la temporada. Mientras Olimpia peleaba cada punto, en Barrio Obrero parecían vivir de cumpleaños en cumpleaños.
Ariel Holan decidió afrontar un partido decisivo con un equipo prácticamente suplente, dejando en evidencia que para Cerro el torneo local dejó de importar mucho antes de jugarse esta fecha. Y claro, cuando un club entra en modo displicente durante meses, después no puede llorar ni inventar fantasmas de “escritorio”. Cerro perdió este campeonato solo. Lo perdió por no hacer bien la pretemporada, por contratar mal, por equivocarse constantemente en partidos clave y por vivir en una nube de excusas permanentes.
Recoleta, con muchísimo menos presupuesto y menos nombres, le dio una lección de seriedad. El Canario salió decidido desde el inicio y golpeó a los 14 minutos. Facundo Echeguren armó una gran jugada por derecha junto a Ronal Domínguez, quien llegó hasta línea de fondo y metió un pase atrás perfecto para Allan Wlk. El ex canterano de Olimpia apareció libre en el área y definió con categoría para el 1-0.
Cerro empató rápidamente gracias a un penal sobre Freddy Noguera tras un rebote dentro del área. Alan Soñora tomó la responsabilidad y convirtió el 1-1 a los 20 minutos.
Pero el Ciclón volvió a demostrar su inmadurez. Rodrigo Gómez fue expulsado antes del descanso tras una violenta entrada sobre Juan Falcón revisada por el VAR, dejando al equipo condicionado en el peor momento.
En el segundo tiempo llegó el golpe final. Tras otro desastre defensivo entre Alexis Arias y Lucas Quintana, Allan Wlk capturó un rebote dentro del área, giró con total comodidad y definió cruzado para el 2-1 definitivo a los 50 minutos.
Y ahí murió Cerro. Sin rebeldía, sin fútbol y sin carácter. El equipo nunca tuvo respuestas. La realidad del club es muchísimo más profunda que una derrota: el pasivo económico es gigantesco, ni siquiera se sabe con claridad cuánto debe realmente la institución y, aun así, dentro del club siguen mirando para afuera en vez de arreglar su propia casa.
Cerro Porteño no perdió el campeonato ayer. Lo perdió durante meses de improvisación, desidia y absoluta falta de autocrítica




