Olimpia alcanzó ayer su estrella número 48 y volvió a confirmar que sigue siendo el jefe supremo del fútbol paraguayo. El empate 1-1 ante Sportivo Ameliano, sumado a la caída de Cerro Porteño, terminó desatando la fiesta franjeada en Sajonia. Pero detrás de los festejos, el partido volvió a desnudar todas las limitaciones futbolísticas de un equipo que salió campeón más por regularidad física que por brillantez futbolística.
Olimpia tenía que ganar. Tenía la obligación de liquidar el campeonato con autoridad, pero nuevamente apareció el problema que persigue al equipo desde hace meses: la alarmante falta de definición. El Decano llega hasta el área rival con relativa facilidad, genera aproximaciones, pisa terreno peligroso, pero cuando sus delanteros quedan frente al arco parece que les agarra pánico escénico. Nadie se anima a patear. Nadie quiere asumir la responsabilidad del gol.
El primer tiempo fue otro catálogo de frustraciones ofensivas. Olimpia manejó la iniciativa, tuvo más posesión y empujó, pero Ameliano hizo exactamente lo que fue a hacer: esperar el error defensivo franjeado. Y claro, el error llegó. A los 27 minutos, una nueva desatención de la defensa permitió que Elvio Vera aproveche un espacio imperdonable para poner el 1-0 para la “V” azulada. Otra vez la zaga de Olimpia demostrando desconcentración y fragilidad en el momento menos indicado.
La reacción del público fue inmediata. El equipo se fue abucheado al descanso y uno de los principales apuntados fue Sebastián Ferreira, que volvió a ofrecer una actuación desesperante, errática y totalmente enemistada con el gol.
El segundo tiempo fue un monólogo franjeado, aunque lleno de nerviosismo y desesperación. Olimpia atacó por todos lados, acumuló centros y aproximaciones, pero siguió demostrando una preocupante alergia al gol. El empate recién llegó gracias a un penal infantil del arquero Miguel Martínez, que salió tarde y terminó golpeando a Mateo Gamarra en una acción aérea. Alejandro Silva cambió la sanción por gol a los 67 minutos y desató el desahogo en el Defensores.
Después del empate, Ameliano incluso se animó un poco más, aunque sin generar demasiado peligro. Olimpia sostuvo el resultado y terminó celebrando un campeonato que tuvo como principal fortaleza el aspecto físico. El equipo de Pablo “Vitamina” Sánchez fue el primero en arrancar la pretemporada y esa ventaja atlética terminó marcando diferencias en un torneo donde futbolísticamente nunca sobró nada.
La estrella 48 ya está bordada. Pero si Olimpia pretende seguir vivo en la Sudamericana y pelear cosas más importantes, necesita mejorar muchísimo. Porque este campeón corre, mete y aguanta… pero jugando al fútbol todavía queda debiendo demasiado.



