El 2-1 de Cerro Porteño sobre Sportivo Trinidense sirve para seguir prendido arriba en la tabla, pero el partido dejó una sensación incómoda: el Ciclón ganó más por la falta de ambición de su rival que por méritos propios.
El primer tiempo del equipo azulgrana fue directamente paupérrimo. Los jugadores parecían estar en un cumpleaños más que en un partido de campeonato. Desconcentrados, lentos y sin intensidad, permitieron que Trinidense manejara los momentos del juego con una tranquilidad sorprendente.
En ese contexto de desatención absoluta apareció el penal que abrió el marcador. Una jugada torpe dentro del área terminó en la pena máxima que Néstor Camacho transformó en el 1-0 para la visita a los 12 minutos. El gol fue más consecuencia de la pasividad de Cerro que de una virtud ofensiva de Trinidense.
Pero si el primer tiempo de Cerro fue alarmante, lo de Trinidense después de ponerse en ventaja fue aún más inexplicable. En lugar de aprovechar que el rival estaba completamente dormido, el equipo eligió especular. Sus jugadores comenzaron a tirarse al piso, a hacer tiempo en cada jugada y a enfriar el partido como si el reloj fuera su mejor aliado.
Y lo peor es que tuvieron oportunidades para liquidar el encuentro. Sin embargo, las desperdiciaron con una mezcla de displicencia y arrogancia. Parecía que estaban más concentrados en hacer pasar los minutos que en jugar el partido. Ese pecado lo pagaron caro.
En el segundo tiempo Cerro empujó más por orgullo que por fútbol. El empate llegó a través de un penal ejecutado por Cecilio Domínguez que terminó entrando después de un rebote, más por fortuna que por precisión.
Y cuando el partido ya se consumía apareció el nombre que terminó inclinando todo: Ignacio Aliseda, que a los 88 minutos marcó el gol del triunfo y volvió a confirmarse como una especie de amuleto para los momentos calientes del equipo.
Cerro ganó, sí. Pero sigue dejando una sensación peligrosa: es un equipo que muchas veces sobrevive más de lo que juega. Y cuando el campeonato empiece a pesar y la Copa Libertadores exija otra jerarquía, partidos como este pueden transformarse en una advertencia muy seria.




