Ayer el estadio Luis Salinas de Itauguá, el duelo entre Cerro Porteño y Guaraní terminó con un 2-0 para el Ciclón, pero el resultado final fue mucho más generoso que el espectáculo ofrecido. El partido, correspondiente a la novena fecha del torneo Apertura, fue una de esas noches en las que el marcador dice una cosa y el juego otra: un trámite chato, espeso y con escasísimas emociones.
Durante largos pasajes del encuentro dio la impresión de que los futbolistas de ambos equipos habían firmado un pacto silencioso para no generar peligro. La pelota circulaba de un lado a otro sin profundidad, con ataques que morían antes de empezar y con áreas prácticamente desiertas de situaciones claras. El primer tiempo fue un ejemplo perfecto de ese letargo futbolístico: posesiones largas, movimientos previsibles y remates que brillaron por su ausencia.
Cerro, con algo más de iniciativa que su rival, al menos intentó romper la monotonía. Sin embargo, incluso cuando buscaba atacar, lo hacía con una tibieza que apenas alcanzaba para inquietar a la defensa aurinegra. El partido parecía condenado a un empate sin goles hasta que apareció la única figura capaz de alterar el guion.
A los 57 minutos, Cecilio Domínguez rompió la modorra del partido y abrió el marcador para el equipo azulgrana. Fue el único momento en el que el juego mostró algo de intensidad. Después de eso, el encuentro volvió a caer en su ritmo lento y deslucido, con Guaraní intentando reaccionar y Cerro administrando la ventaja sin demasiado esfuerzo.
Ya en el tramo final, a los 87 minutos, el propio Domínguez sentenció el partido desde el punto penal, firmando su doblete y el definitivo 2-0 para Cerro Porteño. Un resultado claro en el papel, aunque muy distante de lo que fue el desarrollo real del juego.
Y del lado del aborigen, poco nuevo bajo el sol. El equipo aurinegro volvió a mostrar esa versión gris que lo persigue hace tiempo: un conjunto que parece cómodo en la penumbra de su propia mediocridad, sin rebeldía ni ambición para cambiar la historia del partido.
Cerro ganó y sumó tres puntos. Pero el fútbol, ese que debería entretener, quedó profundamente en deuda.




