Olimpia firmó ayer un paupérrimo 0-0 ante Rubio Ñu que debe preocupar muchísimo. Además de la falta de gol: la actitud, la precisión y la mentalidad de equipo ganador estuvieron, sencillamente, ausentes en el Defensores del Chaco.
Desde el silbatazo inicial, el juego de los franjeados fue un monólogo de ideas inciertas: posesión estática, finalizaciones sin dirección y centros que parecían regalos para la defensa rival.
Se suponía que Olimpia tenía que dominar con superioridad absoluta a un adversario de mitad de tabla, pero lo único dominante fue su falta de criterio ofensivo.
Rubio Ñu, por su parte, ni siquiera ajustó la marcha más allá de defenderse con un bloque bajo y muy conservador. Tan estático estuvo que apenas inquietó, pero aun así terminó siendo una amenaza cuando los errores defensivos de Olimpia dejaron espacios que el rival casi capitaliza en un derechazo potente que pegó en el poste, una jugada que estremeció a todo el estadio y mostró lo frágil que puede llegar a ser el Decano cuando se descuida atrás.
En ese contexto, el punto más comentado de la noche fue el penal que Gastón Olveira le atajó al experimentado Ángel “Pika” Cardozo Lucena en el final, cuando el Albiverde tuvo la chance dorada de llevarse el partido. La pena máxima nació de una infantil falta de Aníbal Chalá que ni siquiera debería haber sido cometida, exhibiendo otra vez la falta de concentración de los franjeados. Olveira, sin embargo, adivinó la intención y voló hacia su palo para negar el gol, salvando un punto que en realidad fue un suspiro ante un rendimiento tan pobre.
Y hablando de responsabilidades, el técnico Pablo Sánchez sigue sin encontrarle la vuelta al equipo. Su obsesión por experimentar formaciones sin solucionar los problemas de fondo se traduce en partidos donde la improvisación reina y las excusas proliferan. En vez de tener un equipo consolidado, hoy Olimpia parece un borrador permanente, sin fuego ni brújula.
Si pretende mantener ese liderato tendrá que enseñarle a este plantel qué significa jugar con compromiso, precisión y verdadero hambre de triunfos.




