El duelo entre 2 de Mayo y Cerro Porteño, que terminó con un decoroso 0-0, no pasará a la historia por su fútbol, sino por la sensación de oportunidades perdidas por el gallo norteño y un ciclón que una vez más parece dormido en sus ambiciones en este Apertura 2026.
Desde el arranque, Cerro Porteño fue un equipo irreconocible. El primer tiempo transcurrió como si el ciclón hubiera confundido el césped con la alfombra de un salón de fiestas: sin intensidad, sin presión, sin idea para generar peligro real.
Ni una sola llegada que exigiera al arquero local, ni un atisbo de verticalidad que hiciera temblar a 2 de Mayo. Fue como ver a un centinela dormido de pie. Mientras tanto, 2 de Mayo hizo los méritos para ponerse en ventaja. Fue protagonista, jugó con valentía e inquietó con más claridad que su rival.
La segunda parte vio a un Cerro más animado después del descanso, pero el súbito despertar duró poco. El ciclón se “quedó sin piernas” y sin ideas proponer algo realmente peligroso. Los cambios realizados por el técnico fueron cosméticos: ni cambiaron el ritmo, ni aportaron claridad ofensiva, ni solucionaron la evidente falta de chispa. Más ruido que solución.
El punto crucial llegó cuando el equipo norteño tuvo un penal clarísimo a favor que podría haber cambiado todo… y lo falló. Diego Acosta, con el arco a su merced, tiró el penal directo a las manos de Alexis Martín Arias, quien se erigió en la figura salvadora para Cerro. Esa atajada fue, probablemente, lo más emocionante del partido y la principal razón por la que los visitantes se llevan un punto de Río Parapití.
Al final, un empate que deja a Cerro con más dudas que certezasy a 2 de Mayo lamentando una chance de oro desperdiciada. Un punto para cada uno que, visto lo mostrado, se siente más como un consuelo que como un premio.




