Cerro Porteño firmó una victoria que, en el papel, parece un paso firme hacia la cima del Apertura 2026, pero en la práctica dejó más incógnitas que certezas. Anoche en La Nueva Olla, el Ciclón derrotó 2-0 a Sportivo Luqueño con goles de Jorge Morel y Pablo Vegetti (de penal), ambos anotados en el primer tiempo y básicos para asegurar los tres puntos.
El arranque de Cerro fue convincente. Con la pelota, ritmo y cierta claridad para mover al rival, el equipo de Jorge Bava impuso condiciones y edificó la ventaja que luego sería crucial. Morel abrió el marcador a los 25 minutos tras un trabajo colectivo que mostró una vez más que cuando el equipo se conecta, puede lastimar. El penal convertido por Vegetti justo antes del descanso fue el remate necesario para colocar el partido donde más le convenía.
Sin embargo, la segunda mitad fue otra cosa. Lejos de ampliar diferencias o al menos sostener el pulso, cerro se quedó dormido en la cancha: impreciso en los pases, lento en las transiciones y casi con miedo de ir a buscar más. Cuando un equipo que está arriba empieza a administrar mal la ventaja, el clímax se diluye; y eso fue exactamente lo que pasó. El Ciclón bajó el entusiasmo, retrocedió líneas y terminó defendiendo el resultado más de lo que intentó hacer daño. Esa falta de ambición preocupa, sobre todo cuando el objetivo declarado es pelear arriba.
Por el lado de Luqueño, la historia es otra: constantemente gris, siempre previsible y sin ideas claras de ataque o posesión prolongada. A estas alturas da la sensación de que este equipo no solo no mejora, sino que está condenado a ser uno más del montón en el torneo: sin punch, sin chispa y con una enorme deuda futbolística.
Al final, tres puntos que valen en la tabla, pero que dejan a Cerro con el sabor amargo de lo que pudo ser y no fue; y a Luqueño, con la constatación de que todavía le falta mucho para escapar a la medianía.




