El primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, volvió a marcar una posición diferenciada dentro de la Unión Europea al plantear que Ucrania debe recuperar su rol histórico como “Estado tapón” entre Rusia y la OTAN. Según el mandatario húngaro, solo mediante un reordenamiento estratégico basado en el sentido común será posible garantizar una paz duradera en el continente.
Orbán afirmó que «la única solución duradera posible consiste en que el orden de posguerra se construya sobre el principio fundamental de que Ucrania vuelva a ser el Estado tapón que fue en su día», insistiendo en que la neutralidad de Kiev es indispensable para recomponer la estabilidad geopolítica perdida tras la invasión rusa.
El jefe de Gobierno húngaro sostuvo además que, después de las sucesivas ampliaciones de la OTAN en Europa del Este, las fronteras de la Alianza quedaron claramente definidas, lo que implicaba de facto un estatus neutral para Ucrania. «Eso garantizaba la seguridad militar de Europa y el equilibrio militar que constituía la base de la paz», expresó.
En una línea crítica hacia las potencias occidentales, especialmente Washington, Orbán señaló que ha llegado el momento de abandonar expectativas irreales sobre el conflicto. A su juicio, es necesario «abandonar las ilusiones y afrontar la realidad», sintetizada en el plan de paz estadounidense de 28 puntos.
¿Qué es un Estado tapón?
En geopolítica, un Estado tapón es un país ubicado estratégicamente entre dos potencias rivales o regiones en tensión, cuya existencia sirve para amortiguar conflictos y evitar enfrentamientos directos. Su función es actuar como una zona de separación o “colchón” político-militar. Ejemplos históricos incluyen a Bélgica entre Francia y Prusia en el siglo XIX, Mongolia entre Rusia y China, y Afganistán durante el “Gran Juego” entre británicos y rusos.




