La senadora Yolanda Paredes volvió a demostrar que, para ciertos sectores de la política paraguaya, la verdad es apenas un obstáculo que se sortea con gritos, exageraciones y consignas diseñadas para manipular al más desprevenido. Esta vez, lo hizo desde el pleno del Senado, donde afirmó —sin ponerse colorada— que “las vacas valen más que los seres humanos en Paraguay”, señalando como supuesto ejemplo la Ley 808.
Asumiendo que la senadora leyó la ley, decidió mentir deliberadamente.
La Ley 808 no protege vacas: protege la economía nacional
La Ley 808, vigente desde 1996, declara obligatorio el Programa Nacional de Erradicación de la Fiebre Aftosa en todo el territorio nacional. ¿Por qué? Porque Paraguay es un país productor de alimentos, cuyo principal motor económico es la ganadería. Un solo foco de fiebre aftosa paralizaría las exportaciones, destruiría miles de empleos, afectaría a pequeños y grandes productores, hundiría al país y cerraría mercados durante años.
Eso no es proteger vacas. Eso es proteger trabajo, mercado, ingresos, divisas y estabilidad nacional.
Lo que Paredes no logra entender u omite, al referirse al Fondo del Programa Nacional de Erradicación de la Fiebre Aftosa, es que el artículo 14 es cristalino: el sector ganadero está obligado a aportar a un fondo que funciona como seguro sanitario, para cubrir los costos de vacunación, vigilancia y contingencia en caso de un brote.
Traducido al castellano simple: los productores pagan para evitar que el país entero pierda miles de millones si aparece la aftosa.
No lo paga el Estado.
No lo pagan los contribuyentes.
Lo paga el propio sector.
Es decir: los productores asumen su responsabilidad y financian la sanidad animal, que es uno de los pilares que sostienen al Paraguay moderno. Esa es la “injusticia” que denuncia la senadora.
El discurso de Paredes es la receta populista clásica: inventar un enemigo, distorsionar una ley, tocar la fibra emocional del ciudadano y montar una narrativa de “ricos malos” contra “pueblo oprimido”. Mientras tanto, convenientemente, evita hablar de:
- los salarios astronómicos del Congreso,
- los cupos de combustibles sin control,
- los seguros médicos VIP,
- los viajes,
- los privilegios que la política se regala a sí misma,
- los operadores que viven del Estado sin producir nada.
Nunca atacan eso.
Nunca hablan de cómo la política se financia a sí misma con el dinero del contribuyente.
No. Prefieren seguir golpeando al productor, al que trabaja, al que invierte, al que arriesga, al que mantiene en pie la economía paraguaya.
Decir que la Ley 808 “valora más a las vacas que a las personas” no es solo una mentira. Es una irresponsabilidad peligrosa, porque intenta poner al pueblo en contra del motor económico del país. Es una manipulación que busca justificar más intervención estatal, más impuestos, más persecución a la producción y más populismo barato.
El día que Paraguay deje de proteger su estatus sanitario, dejarán de entrar divisas, se perderán mercados, y los primeros en sufrir serán justamente aquellos a quienes Paredes dice defender.




