La senadora Lilian Samaniego protagonizó un intenso cruce político al arremeter contra su colega Antonio Barrios, acusándolo de bloquear su participación en varias comisiones legislativas. La gota que colmó el vaso, según Samaniego, fue su exclusión de la Comisión de Amistad Paraguayo-Americana, un espacio que se sabe clave para las gestiones políticas de Samaniego mediante el envío de informes a los Estados Unidos.
Durante sus declaraciones, Samaniego no solo criticó a Barrios, sino que también lanzó duros comentarios contra el expresidente Horacio Cartes, afirmando que está rodeado de “un maldito entorno” y recordándole que su llegada a la presidencia fue gracias a su apoyo. Además, la legisladora no dudó en lanzar una amenaza directa hacia Barrios: “Me vas a conocer… Desde hoy me voy a encargar de vos”.
Si bien el enfrentamiento podría considerarse como parte de las tensiones habituales dentro de las internas políticas, el contexto adquiere una dimensión más preocupante. Samaniego es una ferviente defensora de la Ley 5777 y promotora de los tribunales especiales con perspectiva feminista. Su amenaza, en este sentido, genera inquietudes entre sus colegas y correligionarios, quienes ven en esta iniciativa una potencial “Espada de Damocles” que podría ser utilizada como herramienta de presión política en el futuro.
La implementación de este tipo de políticas representa un riesgo para la igualdad ante la ley y abre la puerta a un uso discrecional de los poderes del Estado, donde la justicia puede ser manipulada como una herramienta para acallar opositores o favorecer intereses particulares. Esto sentaría un peligroso precedente en el sistema democrático y promovería una cultura de impunidad para quienes pretendan ostentar mayor influencia política amparados en su sexo.