La selección paraguaya cayó 2-1 ante Marruecos en un amistoso que dejó una sensación tan clara como preocupante: cuando el equipo pierde concentración, se derrumba sin resistencia.
El primer tiempo mostró ambas caras. Marruecos manejaba el balón, monopolizaba la posesión y movía la pelota con criterio, pero Paraguay fue el que generó las ocasiones más claras. Con un esquema ordenado, líneas compactas y transiciones rápidas, la Albirroja lastimó cada vez que encontró espacios. Ahí aparecieron Miguel Almirón y Julio Enciso, desequilibrando y generando peligro real, aunque sin la contundencia necesaria para reflejarlo en el marcador.
Pero todo lo bueno se desmoronó en el arranque del segundo tiempo. Paraguay entró dormido, desconectado, como si el partido ya se hubiera jugado. Regaló la pelota, retrocedió sin sentido y empezó a cometer errores groseros en defensa.
El primer golpe llegó temprano: un centro sin demasiada complicación encontró mal parado a Junior Alonso, que perdió la marca de manera infantil. El balón cayó en el área chica, donde el arquero reaccionó tarde y mal, dejando servido el gol marroquí. Entre la pasividad del defensor y la nula respuesta del guardameta, Paraguay hizo gala de una inoperancia alarmante.
El segundo fue aún más evitable. Una pérdida innecesaria en salida dejó al equipo mal parado, Marruecos atacó con velocidad y definió con comodidad ante una defensa que nunca logró recomponerse. Dos golpes en pocos minutos que expusieron todas las falencias.
Obligado por el resultado, Paraguay reaccionó con más empuje que ideas, pero al menos cambió la actitud. Mejoró la posesión, adelantó líneas y empezó a generar peligro. Diego Gómez y Damián Bobadilla se hicieron eje del equipo, ordenando y dándole sentido a cada avance.
El descuento llegó hacia el final, pero quedó corto. Y ahí aparece el gran problema: Gabriel Ávalos volvió a mostrarse tibio, sin peso en el área, confirmando que la delantera carece de poder real. Todo termina dependiendo de chispazos de Enciso o Almirón.
Paraguay compitió por momentos, pero se regaló en otros. Y a este nivel, esos errores no se perdonan. Marruecos no fue brillante, pero fue serio. Y eso le alcanzó.




