Cerro Porteño le ganó 3-2 a Sportivo Luqueño en un partido que tuvo dos caras completamente opuestas: una primera mitad vibrante, de ida y vuelta, como hacía tiempo no ofrecían estos equipos, y un complemento que volvió a mostrar lo peor de ambos en este campeonato.
El arranque del partido fue furioso. Cerro salió con intensidad, con hambre, con esa energía que muchas veces le falta. Y esa actitud tuvo premio temprano: a los 13 minutos, César Bobadilla aprovechó un balón suelto y definió para poner el 1-0. No bajaron el ritmo y apenas seis minutos después, a los 19’, Ignacio Aliseda amplió la ventaja, capitalizando otro ataque directo que encontró mal parada a la defensa auriazul.
Parecía que el partido se rompía, pero Luqueño reaccionó. Cerro, fiel a su costumbre, empezó a regalar espacios atrás como si fuera parte del plan. A los 27’, Sergio Díaz descontó tras una jugada bien construida, aprovechando esas grietas defensivas que el local nunca logra corregir.
Sin embargo, en medio del desconcierto, Cerro volvió a pegar. Antes del cierre del primer tiempo, consiguió el 3-1 con Jorge Morel, llegando desde atrás y aprovechando otra jugada donde la defensa auriazul reaccionó tarde. Ese gol parecía encaminar el partido, pero no alcanzó para tapar las falencias. Aún así, Luqueño siguió creciendo hasta que, ya en el cierre del primer tiempo, encontró el empate: penal convertido por Lautaro Comas a los 47’.
El segundo tiempo fue otra historia… y no una buena. El partido cayó en un pozo de mediocridad: juego lento, impreciso, sin ideas, trabado en cada sector de la cancha. Lo único realmente destacable fue la expulsión de Aguilar, que terminó de desordenar un trámite ya bastante pobre.
Cerro ganó, sí. Pero otra vez dejó en evidencia que cuando baja la intensidad, se convierte en un equipo vulgar. Y Luqueño, con sus limitaciones, casi se lo hace pagar caro. Un primer tiempo para entusiasmarse… y un segundo para confirmar que todavía están muy lejos de ser equipos serios.




