Olimpia goleó 4-1 a 2 de Mayo, pero detrás del resultado abultado se esconde un partido incómodo y preocupante en varios aspectos. Porque sí, el Decano ganó y marcó cuatro goles, pero necesitó que el VAR aparezca ¡cinco veces! para sostener un desarrollo que por momentos se le escapaba de las manos.
El inicio fue vibrante. 2 de Mayo sorprendió con intensidad, presión alta y decisiones claras. Durante esos primeros minutos, Olimpia fue un incómodo, sin ideas, corriendo detrás de la pelota. El visitante generó peligro y dejó en evidencia, desde temprano, las grietas defensivas del local. Pero poco a poco, Olimpia empezó a adueñarse del balón y a inclinar la cancha.
Ahí surgió su otro gran problema: la definición. El franjeado generaba situaciones claras, pero sus delanteros resolvían con una fragilidad alarmante. Era una constante: buenas jugadas, pésimas decisiones finales.
Con el correr de los minutos, y ya dominando el trámite, el Decano encontró el gol de penal convertido por Alcaraz. En la segunda mitad, llegó el segundo, y ahí el partido cambió de tono. 2 de Mayo entró en pánico: impreciso, apurado, desordenado y así llegó al descuento. Luego de la expulsión de Acosta parecía liquidar todo. Sin embargo, ni así Olimpia logró transmitir seguridad.
Porque su defensa fue un desastre. Especialmente Gamarra y Vera, imprecisos, lentos en los cruces y dubitativos en cada intervención. De ese desorden nació el descuento de 2 de Mayo, que incluso llegó a ilusionarse con el empate… pero otra vez apareció el VAR para intervenir y torcer la historia.
El partido siguió su curso entre revisiones, dudas y cortes constantes. Olimpia, con más empuje que claridad, fue a buscar el partido y encontró dos goles más. Incluso en el último, el VAR volvió a decir presente, como si se negara a abandonar el centro de la escena. Cinco intervenciones del VAR que no hacen más que evidenciar lo mal que resolvieron los protagonistas dentro de la cancha. Demasiadas jugadas finas, demasiados errores.
Goleó Olimpia, sí. Pero con una defensa endeble, delanteros erráticos y una dependencia alarmante de la tecnología, la sensación final es clara: este equipo gana, pero está lejos de convencer.




