En la política, a pesar de lo que muchos creen, no todo vale. Hay límites que no deberían cruzarse jamás: la dignidad humana, el respeto por el dolor ajeno y la verdad. Sin embargo, una vez más, esos límites fueron ignorados en la búsqueda desesperada de impacto, clics y aprobación digital.
El activista de redes sociales conocido como “Fergo” publicó un contenido que no solo es falso, sino profundamente irresponsable. Acompañado de un video de una persona agonizando en el pasillo de un hospital, el posteo afirmaba: “Paciente fallece esperando atención en el sistema de salud público”, atribuyendo el hecho a un supuesto caso reciente ocurrido en el departamento de San Pedro.
El mensaje fue construido con una clara intención: generar indignación inmediata, instalar un relato de colapso sanitario y capitalizar emocionalmente una tragedia. Pero la realidad es otra. El propio Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social tuvo que salir a desmentir la información, aclarando que el video no es actual, que no corresponde a San Pedro y que el hecho ocurrió hace aproximadamente dos años, encontrándose incluso bajo proceso judicial.

Es decir: se utilizó el sufrimiento real de una persona y el dolor de una familia para montar una operación de desinformación.
Esto no es un simple “error”. Es una práctica de baja estofa. Es el uso deliberado del morbo y la mentira para obtener un “me gusta”, un retuit o un seguidor más. Y lo que es peor: implica exponer innecesariamente a una familia, revictimizarla y convertir su tragedia en un instrumento político.
El problema no es solo la falsedad del contenido, sino el mecanismo detrás. Se toma un hecho sensible, se lo descontextualiza, se le agrega una narrativa conveniente y se lo lanza a la arena digital sabiendo que la indignación viraliza más rápido que la verdad. Es manipulación pura.
Y frente a esto, es necesario marcar una línea clara: no todo vale en política. No todo vale en la comunicación. No todo vale en la disputa de ideas.
Porque cuando se normaliza la mentira, cuando se banaliza el dolor ajeno y cuando se juega con la sensibilidad de la gente para obtener rédito, lo que se degrada no es solo el debate público, sino la calidad moral de toda la sociedad.
La crítica al sistema de salud, cuando corresponde, es válida y necesaria. Pero debe hacerse con hechos, con datos y con responsabilidad. No con videos reciclados, historias tergiversadas y tragedias ajenas convertidas en propaganda.
Lo ocurrido no merece aplausos ni justificaciones. Merece rechazo.



