En noches de eliminación directa lo único que importa es sobrevivir. Y ayer en el Defensores del Chaco, por la fase preliminar de la Copa Sudamericana, Olimpia sobrevivió más que convencer. El Decano derrotó 1-0 a Sportivo Trinidense y aseguró su lugar en la fase de grupos, pero el triunfo dejó más interrogantes que certezas sobre el funcionamiento del equipo.
El resultado final puede engañar a quien no vio el partido. Durante largos tramos, fue Trinidense el equipo que generó las situaciones más claras para abrir el marcador. El problema del “Triqui” fue el mismo de siempre: cuando tuvo que definir, lo hizo con una timidez desesperante. Remates débiles, decisiones tardías y una falta de determinación que terminó perdonando a un rival que, en defensa, dio demasiadas ventajas.
Ahí apareció la figura de la noche: Gastón Olveira. El arquero nacionalizado paraguayo sostuvo a Olimpia con varias intervenciones determinantes que evitaron que el partido se torciera temprano. Cada intervención suya fue también una radiografía incómoda para la defensa franjeada, que en varios momentos fue un auténtico colador, permitiendo que Trinidense llegue con demasiada facilidad hasta el área. Sin Olveira, la historia probablemente habría sido muy distinta.
En medio de ese escenario incómodo apareció Rubén Lescano, el hombre que parece entender el peso de la camiseta que lleva puesta. A los 34 minutos del primer tiempo marcó el único gol del partido, el que terminó definiendo la clasificación de Olimpia.
No es la primera vez que ocurre: ya van dos partidos en los que el joven atacante aparece para rescatar al equipo justo cuando el funcionamiento colectivo deja mucho que desear. Lescano responde con goles, y esos goles terminan tapando un montón de problemas que siguen sin resolverse.
Porque la realidad es clara: Olimpia gana, pero juega mal. Ataca poco, defiende peor y depende demasiado de momentos individuales. Mientras los resultados acompañen, las críticas quedarán en segundo plano. Pero partidos como este dejan una sensación evidente: el Decano avanzó en la Sudamericana más por Olveira y Lescano que por su fútbol.
Trinidense, por su parte, tendrá que lamentarse. Tuvo las oportunidades, tuvo el partido al alcance de la mano, pero cuando llegó la hora de golpear… lo hizo sin convicción. Y en el fútbol, esa duda se paga. Olimpia lo sabe: esta vez, sobrevivió. Pero no siempre alcanza con eso.



