A pesar de presentar hasta ocho cambios en el once titular, el Decano no perdió ni un ápice de su identidad: desde el pitazo inicial se plantó con un sistema ofensivo, vertical y decidido a atacar, replicando la idea que viene sosteniendo en el torneo y que lo tiene en lo más alto de la tabla.
El partido tuvo a Olimpia como protagonista claro. Los suplentes salieron a proponer, a mover la pelota con intención de profundidad y a llegar con peligro, sin especular por el resultado. El físico del equipo se volvió a observar como una de sus grandes virtudes: rápidos, intensos a lo largo de los 90 minutos, demostraron que el trabajo físico es uno de los pilares de sus triunfos recientes.
Pese a dominar gran parte del juego y generar numerosas ocasiones de peligro, los franjeados siguen mostrando un déficit que preocupa: falta de definición. Las ocasiones claras se multiplicaron, pero la puntería y el último toque no estuvieron finos, y al final únicamente pudieron convertir una vez, gracias a un tiro preciso de Rubén Lezcano, quien marcó el único tanto del compromiso.
Del otro lado, Ameliano también hizo lo suyo. Los dirigidos por Roberto Nanni no renunciaron a atacar y lograron inquietar en algunos tramos, aunque sus acercamientos fueron más tímidos a la hora de definir y carecieron de esa agresividad que exige convertir para soñar con un empate o la remontada.
Ahora, sin excusas y con la moral por las nubes, Olimpia debe enfocar toda su artillería hacia el próximo duelo por Copa Sudamericana frente a Trinidense. El triunfo ante Ameliano demuestra que este plantel tiene variantes, desgaste físico controlado y varias alternativas para afrontar ambos frentes con competitividad. Si logra afinar la definición, el Decano no solo sueña, sino que empieza a mostrar signos de consolidación real en todas las competiciones.




