El gobierno de Italia volvió a colocar en el centro del debate internacional la política climática al pedir la suspensión del mercado de carbono de la Unión Europea. La solicitud, impulsada por el ministro de Industria Adolfo Urso, se produce en un contexto de creciente cuestionamiento a los mecanismos regulatorios sobre emisiones y coincide con movimientos similares en otros países occidentales.
El funcionario italiano afirmó que «tal y como está, el sistema es una carga fiscal más para Europa que limita su capacidad», y reclamó una revisión integral del esquema junto con la eliminación de la retirada progresiva de permisos gratuitos para empresas. Tras sus declaraciones, los precios de los derechos de emisión de carbono cayeron un 4,6% hasta los 69,25 euros por tonelada, reflejando la sensibilidad del mercado ante señales políticas.
El sistema de comercio de emisiones europeo —considerado la principal herramienta del bloque para reducir gases de efecto invernadero— enfrenta críticas crecientes. Estados como Alemania y Polonia ya pidieron medidas de protección industrial frente al impacto económico del esquema, mientras Austria también expresó objeciones.
En paralelo, el Ejecutivo encabezado por Giorgia Meloni avanza en una reforma profunda de su mercado eléctrico para eliminar los costes de carbono de las facturas energéticas. La medida, aprobada la semana pasada, contempla reembolsos en tarifas de transmisión de gas a generadores, reduciendo el costo asociado al carbono en plantas de energía.
Según explicó Alessandro Gemmo, socio gerente del bufete Linklaters, en declaraciones a la agencia Montel, «La reforma italiana podría formar parte una revisión mucho más amplia de toda la normativa europea sobre la asignación de costes de los ETS y una gran reevaluación del mercado de la electricidad con otros países siguiendo el ejemplo de Italia».
El cuestionamiento a las regulaciones no se limita a Europa. En Estados Unidos, la administración de Donald Trump eliminó recientemente una normativa clave que permitía al gobierno federal controlar emisiones de CO₂ y otros gases de efecto invernadero. A comienzos de febrero de 2026, la Agencia de Protección Ambiental revocó el llamado “endangerment finding” de 2009, base legal durante más de una década para regular estos gases bajo la Ley de Aire Limpio.
El trasfondo del debate excede lo económico y se adentra en el terreno científico y filosófico. El dióxido de carbono es señalado por críticos de estas políticas como el “gas de la vida”, elemento indispensable para la fotosíntesis, proceso mediante el cual las plantas transforman luz solar, agua y CO₂ en oxígeno y materia orgánica. Sin este mecanismo natural —considerado por muchos científicos uno de los más decisivos para la evolución biológica— la atmósfera terrestre seguiría siendo pobre en oxígeno y la vida probablemente sería solo microbiana.
La fotosíntesis fue además el motor del llamado Gran Evento de Oxigenación, transformación atmosférica ocurrida hace miles de millones de años que permitió el surgimiento de organismos complejos dependientes del oxígeno, incluidos animales y seres humanos. Desde esta perspectiva, sostienen analistas críticos, atacar al CO₂ equivaldría a cuestionar un componente esencial del sistema natural que sustenta toda la cadena de vida del planeta.
El choque entre políticas regulatorias, competitividad industrial y fundamentos científicos promete intensificarse en los próximos meses, con Europa debatiendo reformas y otras potencias revisando sus marcos ambientales, en un escenario donde el rol del carbono vuelve a ser objeto de disputa política, económica y conceptual.




