Ayer en el clásico blanco y negro, Olimpia volvió a demostrar su superioridad al imponerse por 1-0 a Libertad, consolidando su liderazgo y mostrando hambre de triunfo donde el rival no demostró ninguna chispa competitiva.
Desde el pitazo inicial, el Decano tomó el control territorial y de la posesión, manejando los hilos del juego con paciencia y autoridad. La pelota era de Olimpia, el ritmo lo marcaba Olimpia y el plan era claro: buscar espacios y dominar en todo sector del campo. Sin embargo, en la primera mitad ese dominio tuvo más volumen que precisión.
Los ataques franjeados eran insistentes, sí, pero poco claros y demasiado predecibles, como si dependieran más del azar o de fallas defensivas del rival que de una verdadera elaboración ofensiva. Hubo remates rasos de Juan Alfaro que fueron bloqueados, intentos sin puntería de Adrián Alcaraz y proyecciones por banda que no encontraron profundidad.
En ese tramo inicial, Libertad no solo fue incapaz de inquietar, sino que su fútbol pareció desnutrido: sin ideas claras, sin ambición ofensiva y sin una sola jugada que pusiera en riesgo el arco rival. El Gumarelo fue apenas una presencia tímida, una sombra que pareció conformarse con aguantar más que competir. Su rendimiento fue tan pobre que, salvo una escasa aproximación que terminó con un remate desviado, nunca logró generar una verdadera llegada de peligro.
El complemento, en cambio, marcó un quiebre. Olimpia ajustó la mira, mejoró la circulación y encontró más claridad para encarar al arco contrario. La presión ofensiva se tradujo finalmente en gol: un centro de Hugo Quintana encontró un rebote que Adrián Alcaraz empujó para el 1-0 definitivo, haciendo valer la llamada “ley del ex”.
Tras la apertura del marcador, Libertad intentó reaccionar, pero su falta de lucidez y de hambre de triunfo quedó más expuesta que nunca. Sin ideas que rompieran líneas y sin fuerza ofensiva, el Gumarelo apenas llegó a inquietar y terminó sucumbiendo ante un Olimpia más firme, más claro y con la chapa de campeón que no negocia ambición por conformismo.




