El panorama geopolítico de 2025 no se define por una nueva «Guerra Fría» de bloques cerrados, sino por una compleja fragmentación de lealtades y un creciente sentimiento de desencanto.
Según los datos del Pew Research Center procesados por geopolitical.guy, la percepción pública mundial sobre Estados Unidos y China revela que la mayoría de las democracias desarrolladas han optado por una postura de desconfianza hacia ambas superpotencias, mientras que las naciones emergentes prefieren el equilibrio sobre la confrontación.
El «Club del Desencanto»: Europa y el bloque occidental
El hallazgo más impactante del informe es la concentración de países en el cuadrante de oponencia dual. Naciones como Suecia, Australia, Alemania, Canadá, Francia, Reino de España y el Reino Unido muestran niveles de favorabilidad bajos para ambos gigantes.
Este fenómeno sugiere una crisis de liderazgo global. Suecia se posiciona como el país más escéptico del mundo, con los niveles más bajos de aprobación tanto para Washington como para Pekín. Para estas naciones, ninguna de las dos potencias representa actualmente un modelo plenamente confiable, lo que refleja un deseo de autonomía o una crítica profunda a los métodos de influencia de ambos ejes.

El pragmatismo del Sur Global: «Sí a ambos»
En las antípodas de la visión europea se encuentran Nigeria y Kenia, que lideran el cuadrante de favorabilidad dual. Estas naciones africanas, junto con Brasil y Hungría, han decidido no participar en la política de bloques. Su postura es clara: una preferencia por el equilibrio que les permita recibir inversiones chinas sin romper sus vínculos de seguridad o valores con Occidente. Es el pragmatismo en su estado puro, donde la cooperación multilateral se impone sobre la ideología.
Los aliados estratégicos de Washington
Estados Unidos mantiene sus bastiones de influencia más sólidos en países que enfrentan desafíos de seguridad directa. Israel encabeza la lista con un apoyo abrumador a EE. UU. y una visión profundamente negativa de China. En una situación similar, aunque con matices, se encuentran Corea del Sur, Japón e India, cuya cercanía geográfica con Pekín parece empujarlos decididamente hacia la órbita de Washington como contrapeso regional.
La zona de influencia china
China, por su parte, logra sus mejores índices de aceptación relativa frente a EE. UU. en países como Indonesia y México. Aunque estos países no rechazan totalmente a Washington, muestran una inclinación más favorable hacia el gigante asiático, posiblemente impulsada por la dependencia económica y la inversión en infraestructura.
En conclusión, la nota dominante de 2025 es la ambivalencia. Mientras las potencias del Sur Global abrazan a ambos líderes para maximizar sus beneficios, las potencias tradicionales de Occidente parecen sentirse «huérfanas» de un liderazgo global que les satisfaga, situándose en una posición de rechazo a la bipolaridad actual. El mundo ya no elige un bando; en muchos casos, simplemente elige no elegir.




