Voy a empezar esta nota con una declaración personal: yo no voté por Rodrigo Paz; en realidad, ningún político boliviano goza de mi confianza, pero deseo que le vaya bien. El objetivo de este escrito no es lapidar, sino llamar a la reflexión, porque de que este gobierno llegue a buen puerto depende el futuro del país.
Se cumplieron los primeros 100 días de gobierno de Rodrigo Paz. Contrariamente, a la mayoría de sus fans y adeptos, considero que es el tiempo perfecto para evaluar su gestión.
En lo económico las medidas fueron muy tibias e insuficientes. De hecho, gran parte del modelo heredado del MAS sigue vigente, por ejemplo, forzar al sistema financiero a destinar el 6% de sus utilidades a fines sociales. Se lo traduzco al vernáculo, la plata de unos entregada a otros por orden del Estado, una total contradicción al principio capitalista de respeto irrestricto a la propiedad privada.

Si bien, terminar con la subvención a los hidrocarburos fue una medida necesaria. No obstante, sin una liberalización total del sector y manteniendo al mismo personal de la anterior gestión, se tradujo en gasolina de peor calidad y dos veces más cara, y que encima está destrozando motores en todo el país.
Sobre el punto, primero el gobierno lo negó, después lo minimizó y, al final, echó la culpa a los tanques viejos de la era Arce. Culpar a la gestión del masismo se ha convertido en una cortina de humo ante la propia inoperancia. Además, las empresas del Estado, ineficientes e inmorales, no se han cerrado; por ende, los elevados costos de mantenerlas siguen vigentes.
Sobre la caída del Riesgo País, que el gobierno lo atribuye como un éxito de su gabinete económico, Mauricio Ríos García lo explica de manera fenomenal:
La caída del riesgo país tampoco es obra de Paz, porque venía bajando sistemáticamente desde hace 9 o 10 meses al mismo ritmo que en el resto de América Latina, y particularmente en Argentina, Ecuador e incluso Venezuela con Maduro todavía en el poder. Es una caída sistémica y responde un ciclo financiero global —inflación moderada en Estados Unidos, Fed relajando expectativas, tasas largas cayendo, dólar más débil y nuevas operaciones de carry trade con commodities de mercados emergentes, asunto que, para mayor inri, el gobierno de Paz no sabe interpretar, mucho menos aprovechar ni siquiera con algún avance de una nueva ley de hidrocarburos.
Se lo pongo en sencillo: es un golpe de suerte que el gobierno no está aprovechando.

En síntesis, las cosas están con demasiadas contradicciones, puesto que primero dicen que están haciendo milagros y, al mismo tiempo, piden paciencia.
En cuanto a la orientación geopolítica tampoco se han dado buenas señales, pues, después de los primeros acercamientos y coqueteos con Estados Unidos, las relaciones con Irán, Rusia, China y, especialmente, Cuba siguen vigentes. Esa tibieza les está pasando factura, ya que el propio Fernando Aramayo, canciller de Bolivia, confirmó que el gobierno no está invitado a la Cumbre de presidentes organizada por Donald Trump.
En resumen, a Rodrigo Paz se le está acabando el tiempo y, aún peor, las puertas se le están cerrando. ¿Cuál es el peligro de todo eso?
Que, ante la pérdida de Venezuela y la crisis de Cuba, la tibieza del gobierno de Rodrigo Paz es lo que el Socialismo del Siglo XXI necesita para trasladar su cuartel general de La Habana a La Paz. Escenario muy probable, puesto que Irán y otros aliados de la dictadura cubana ya han montado centros de entrenamiento en Cochabamba y La Paz. Me ratifico: no se puede ser gradualista en economía ni tibio en seguridad y geopolítica.





