El Fondo Monetario Internacional señaló que las políticas económicas de China están provocando distorsiones tanto internas como externas, y recomendó una reorientación del modelo hacia un mayor impulso del consumo doméstico. La advertencia fue publicada junto con la revisión anual de la economía del país asiático, conocida como consulta del Artículo IV.
El informe destacó el elevado superávit por cuenta corriente chino, el cual —según el organismo— genera efectos adversos en sus socios comerciales. Parte de ese excedente, indicó, se explica por el impulso a las exportaciones favorecido por la depreciación real del renminbi, o yuan, ajustado por inflación. Ese debilitamiento de la moneda encarece las importaciones y refuerza la competitividad internacional de los productos chinos.
El diagnóstico coincide con cuestionamientos formulados durante años por Estados Unidos y otras economías desarrolladas, así como con evaluaciones de analistas privados que han advertido sobre el impacto global de la expansión industrial y exportadora del gigante asiático. El organismo también alertó sobre posibles tensiones comerciales si persiste el exceso de oferta manufacturera.
Desde la representación china ante el directorio del FMI rechazaron las observaciones. El delegado Zhengxin Zhang afirmó en una declaración separada que el crecimiento exportador del país en 2025 se debió principalmente a su competitividad y capacidad de innovación, y no a distorsiones de política económica.
El informe vuelve a poner en el centro del debate internacional el rol del modelo económico chino y sus repercusiones en el equilibrio comercial global, en un contexto de creciente sensibilidad entre las principales potencias económicas.




