En La Huerta, Libertad y Guaraní regalaron uno de los partidos más electrizantes del Apertura 2026, con emoción hasta el final y un 3-3 que dejó a todos sin aliento. Fue un partido con roles intercambiados, siestas tácticas y una sensación final agridulce: dos equipos que pudieron ganar, pero que también parecen pagar caro sus dormidas colectivas.
El duelo comenzó con todo… para Libertad. A los 5 minutos, Iván Ramírez desató la fiesta local con un gol de pelota parada que puso el 1-0 y parecía marcar el camino del Gumarelo. Sin embargo, tras ese tanto, Libertad se quedó totalmente dormido: cedió el control del juego, perdió presencia en el mediocampo y se vio superado por un Guaraní que, lejos de quedarse atrás, se vino con todo.
Así, el Legendario no tardó en igualar y luego volcar el marcador a su favor. Derlis Rodríguez emparejó el encuentro tempranamente, y más tarde Gaspar Servio, desde el punto penal, y Diego Fernández pusieron al aurinegro con una clara ventaja de 3-1 antes del descanso. Este parcial reflejó menos supremacía absoluta y más la pasividad del local tras su gol inicial, algo que Libertad deberá corregir urgentemente si sueña con pelear arriba.
El segundo tiempo trajo un cambio radical de roles. Fue Libertad el que entró fuerte, con urgencia y actitud, buscando descontar rápido ante un Guaraní que parecía confiado y un tanto relajado tras su ventaja. Bastó un arranque enérgico para que Lorenzo Melgarejo descontara y encendiera el estadio, y luego, tras un buen centro, Rojas peinó para que Melgarejo marcara el 3-3 que sería definitivo.
El empate dejó bien claro algo que no es novedad para Guaraní: en más de una oportunidad el equipo ha visto cómo se le escapan resultados que tuvo controlados, una costumbre que, con el tiempo, pesa en los promedios y en la confianza de la hinchada.
Al finalizar, el 3-3 no sólo fue un reflejo de intensidad y goles, sino también de dos equipos que alternaron lucidez y despistes a lo largo de 90 minutos.




