Durante años, los medios progresistas construyeron una narrativa indignada contra Donald Trump, presentándolo como el gran verdugo de los migrantes. Marchas, editoriales inflamados, celebridades llorando frente a cámaras y acusaciones de “crueldad institucional”. Sin embargo, cuando se miran los datos oficiales, la historia cambia de forma brutal: los gobiernos demócratas deportaron y expulsaron a muchos más migrantes que Trump, sin escándalos, sin protestas y sin cobertura indignada.
No es una opinión. Son números del propio Estado estadounidense.
Barack Obama ostenta el récord histórico de deportaciones formales. Joe Biden, sumando deportaciones tradicionales y expulsiones bajo el Título 42, alcanza cifras similares o incluso superiores. Bill Clinton sentó las bases del endurecimiento migratorio moderno. Pero para los grandes medios, eso nunca fue motivo de indignación moral.
El problema nunca fue la política migratoria.
El problema fue Trump.
Mientras Obama expulsaba a más de tres millones de personas, fue celebrado como un presidente “humanista”. Mientras Biden ejecutó millones de expulsiones rápidas bajo una normativa sanitaria heredada pero sostenida por decisión propia, los medios miraron para otro lado. No hubo marchas, no hubo portadas con niños llorando, no hubo acusaciones de “fascismo”.
La hipocresía queda expuesta cuando se comparan los números.
Deportaciones y expulsiones totales por administración (cifras aproximadas oficiales)
| Presidente | Deportaciones formales (Título 8) | Expulsiones Título 42 | Total aproximado |
| Bill Clinton (1993–2001) | 866.000 | — | 866.000 |
| George W. Bush (2001–2009) | 2.013.000 | — | 2.013.000 |
| Barack Obama (2009–2017) | 3.062.000 | — | 3.062.000 |
| Donald Trump (2017–2021) | 1.196.000 | ~500.000 | ~1.700.000 |
| Joe Biden (2021–2024) | ~545.000 | ~2.500.000 | ~3.045.000 |
Trump deportó menos que Obama.
Trump expulsó menos que Biden.
Pero fue Trump el demonizado.
¿Por qué? Porque el periodismo progresista dejó de informar y pasó a militar. Cuando gobiernan los propios, las deportaciones son “decisiones difíciles”. Cuando gobierna el adversario, son “crímenes morales”. La vara no es humanitaria ni legal: es ideológica.
Esta doble moral no solo degrada el debate migratorio, también destruye la credibilidad de los medios. Porque cuando millones de expulsiones no merecen una sola protesta bajo gobiernos demócratas, pero sí histeria colectiva bajo Trump, queda claro que la indignación era selectiva.
El periodismo que justifica al poder según quién gobierne deja de ser contralor democrático.
Pasa a ser propaganda con firma.
Y los números, por más que incomoden, no militan.




