La detención de Nicolás Maduro marca un punto de quiebre histórico no solo para Venezuela, sino para toda América Latina. Tras más de dos décadas de un régimen autoritario sostenido por el control institucional, la represión y alianzas con potencias extrahemisféricas, el tablero regional entra en una etapa de redefinición profunda. Para analizar el alcance político, militar y geopolítico de este acontecimiento, dialogamos con Nahem Reyes, analista geopolítico venezolano, quien ofrece una lectura sin eufemismos sobre el colapso del chavismo, el rol de las Fuerzas Armadas, la estrategia de Estados Unidos y el impacto que este hecho tendrá en el equilibrio de poder continental.
• Con la detención de Nicolás Maduro ya confirmada, en el marco de una operación presentada por Estados Unidos como un procedimiento de ley y orden contra un acusado por narcoterrorismo, ¿qué significado político tiene este hecho no solo para el régimen chavista, sino también para el sistema de poder autoritario que gobernó Venezuela durante más de dos décadas y para el equilibrio ideológico en la región?
El colapso del régimen de Nicolás Maduro no debe leerse únicamente como el final de un gobierno, sino como una tragedia histórica para Venezuela, y al mismo tiempo, como un punto de inflexión para las democracias iberoamericanas. La caída de este narcorégimen pretoriano neocomunista representa una derrota profunda para la izquierda a nivel global. Este hecho tendrá efectos regionales inmediatos, especialmente en países como Colombia, que se aproxima a un proceso electoral clave, donde la izquierda queda severamente debilitada. Además, este acontecimiento abre la puerta a una posible cadena de operaciones liberadoras impulsadas por Estados Unidos. Tal como señaló el secretario de Estado Marco Rubio, Cuba y Nicaragua aparecen como los próximos objetivos estratégicos dentro de esta nueva etapa.
• Tras la extracción de Maduro y el colapso de la cadena formal de mando del régimen, en un escenario marcado por la ilegitimidad institucional y la presencia militar estadounidense, ¿quién queda hoy, en términos reales, al mando del Estado venezolano y qué actores del chavismo conservan capacidad efectiva para ejercer control sobre las Fuerzas Armadas y el aparato del poder?
En este momento, la situación del poder en Venezuela es un verdadero enigma. Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores —autodenominada de manera ridícula como “primera combatiente”— han sido extraídos, y las estructuras formales del régimen están ocupadas por autoridades ilegítimas. La vicepresidencia está en manos de Delcy Rodríguez, la Asamblea Nacional ilegítima es presidida por Jorge Rodríguez, y el Tribunal Supremo de Justicia también responde al mismo esquema irregular. Ante un colapso de esta magnitud, se produce inevitablemente un vacío de poder. Actualmente, la prioridad es la estabilización militar del territorio, especialmente de Caracas, donde hay presencia efectiva de tropas estadounidenses. Existen versiones, incluso difundidas por Euronews, que señalan a Delcy Rodríguez como partícipe en la entrega de Maduro, lo que abre interrogantes sobre si habrá una transición pactada o si el poder será transferido a figuras como Edmundo González Urrutia. Si hubiera que definir la situación con una sola palabra, sería incertidumbre.
• Luego de más de veinte años de hegemonía chavista, represión política y control social, y ante el descrédito total del proyecto bolivariano, ¿estamos ante el colapso definitivo del régimen o todavía existe algún margen real para que el chavismo intente reorganizarse y conservar cuotas de poder político o institucional?
Desde una perspectiva política y social, la etapa oscura del chavismo ha concluido. El Partido Socialista Unido de Venezuela ha colapsado como estructura política y ha quedado profundamente desacreditado ante la sociedad. Ningún dirigente serio se atreverá a levantar esa bandera sin enfrentar un rechazo masivo. En este contexto, resulta fundamental exigir a las nuevas autoridades, como Edmundo González Urrutia y María Corina Machado, que se avance hacia la proscripción definitiva del PSUV y que sea declarado formalmente como una organización criminal, responsable del saqueo, la represión y la destrucción institucional del país.
• Durante la detención de Maduro llamó la atención la ausencia total de una respuesta armada del régimen, pese a la histórica retórica militarista del chavismo. ¿Cómo evalúa la reacción —o la falta de ella— de la cúpula militar venezolana y hasta qué punto esto confirma una fractura interna profunda o la existencia de una negociación previa?
La ausencia total de respuesta militar por parte del chavismo es uno de los datos más reveladores del colapso. El mensaje solitario y visiblemente aislado de Vladimir Padrino López, grabado en un entorno reducido y sin respaldo visible, refleja el abandono del núcleo duro del régimen en sus últimas horas. No hubo reacción alguna ante la penetración del espacio aéreo venezolano: no se activaron baterías antiaéreas, no despegaron Sukhoi ni F-16. El alto mando militar comprendió claramente la superioridad absoluta de Estados Unidos y supo que cualquier intento de resistencia habría sido neutralizado de inmediato. El silencio posterior de los comandantes del Estado Mayor Conjunto, de la Fuerza Aérea, de la Guardia Nacional y del Inspector General confirma un colapso total y una retirada generalizada de responsabilidades.
• En un contexto internacional marcado por la competencia entre grandes potencias y la creciente presencia de actores extrahemisféricos en América Latina, ¿qué impacto inmediato tiene este hecho en la relación de Venezuela con aliados estratégicos del chavismo como Cuba, Rusia, China e Irán?
Esta operación marca el retorno decidido de Estados Unidos a América Latina bajo una lógica que puede definirse como una Doctrina Monroe 2.0. Donald Trump envía un metamensaje inequívoco: América Latina vuelve a estar bajo la esfera de influencia estratégica de Washington. Se trata de la recuperación de un espacio que fue cedido durante décadas, especialmente desde la era Obama. El mensaje no es solo regional, sino global. Va dirigido a potencias extrahemisféricas como Rusia, China e Irán, dejando en claro que no se tolerarán penetraciones en esta zona de seguridad. Tras el bloqueo abusivo de China sobre Taiwán, Estados Unidos demuestra que tiene la fuerza y la voluntad política para utilizarla en defensa de sus intereses estratégicos. Trump está diciendo, sin ambigüedades, que Estados Unidos ha vuelto, que no teme ejercer el poder y que no permitirá nuevas expansiones de influencia en detrimento del orden hemisférico.
Las definiciones que deja esta entrevista son contundentes: el chavismo no cae solo como gobierno, sino como proyecto ideológico y estructura de poder. La detención de Nicolás Maduro expone la fragilidad de un régimen sostenido por la coerción y deja al descubierto la hipocresía de quienes, en nombre de una falsa soberanía, justificaron durante años la opresión y el crimen. En palabras de Nahem Reyes, lo ocurrido en Venezuela es el inicio de una nueva etapa en la región, marcada por el retorno de Estados Unidos al centro del tablero estratégico y por el debilitamiento de las dictaduras que se ampararon en el silencio internacional. El desenlace venezolano aún está abierto, pero una certeza se impone: nada volverá a ser como antes.




