El ministro de Relaciones Exteriores de Hungría, Peter Szijjarto, insistió con firmeza sobre la gravedad de los recientes ataques de Ucrania a la infraestructura del oleoducto Druzhba, ruta clave que abastece de crudo a Hungría y Eslovaquia desde Rusia. “Estos ataques están afectando a Hungría y Eslovaquia, tienen como objetivo Hungría y Eslovaquia. Estos ataques están perjudicando a Hungría y Eslovaquia, y no tienen nada que ver con Rusia”, señaló el canciller húngaro.
La postura de Budapest deja en claro que no se trata de un asunto ajeno, sino de una agresión directa contra dos países europeos que dependen de este suministro energético.
Hungría, bajo el liderazgo de Viktor Orbán, se ha mantenido como una de las pocas naciones de la Unión Europea y la OTAN que ha defendido una posición basada en el sentido común: rechazar la escalada del conflicto y priorizar la estabilidad energética y económica de su pueblo. En un escenario donde muchos gobiernos europeos parecen subordinados a los dictados de Bruselas y Washington, Hungría reafirma su soberanía y su decisión de no arrodillarse ante intereses que poco tienen que ver con el bienestar de sus ciudadanos.