La última declaración de Mao Ning, portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, dirigida al gobierno de Paraguay, resuena con una amenaza velada. Instando a Paraguay a «situarse en el lado correcto de la historia», China busca, claramente, que nuestro país rompa su histórica relación de cooperación y amistad con Taiwán y se alinee con la República Popular China, un movimiento que tendría profundas implicaciones políticas, económicas y geopolíticas.
“Esperamos que el Gobierno y el líder de Paraguay sigan la tendencia de la historia, satisfagan las aspiraciones de su pueblo y se sitúen en el lado correcto de la historia lo antes posible junto con la mayoría de los países de la comunidad internacional»
Mao Ning, portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de la RPC
Dos caminos y una fácil decisión
Paraguay, enfrenta una decisión aparentemente compleja en un escenario internacional polarizado. Por un lado, se encuentra la República Popular China, una potencia económica y militar, pero también una dictadura comunista que impone severas restricciones a las libertades individuales. Por otro lado, está la República de China (Taiwán), un estado democrático que ha sido un aliado constante de Paraguay, apoyando a Paraguay con diversos proyectos humanitarios, tecnológicos y educativos, dejando en claro que la relación con Taiwán no es solo simbólica sino pragmática, con beneficios tangibles para el desarrollo del país.
A primera vista, la sugerencia de China podría parecer tentadora, sobre todo si se considera el potencial acceso a los programas económicos globales que ofrece Pekín. Sin embargo, estos programas tienen un alto costo. Los ejemplos de otros países que han permitido el acceso chino a sus recursos naturales o la instalación de bases militares, como en Argentina, son recordatorios de los riesgos inherentes a tal decisión. Además, el reconocimiento de China en este momento podría ser interpretado como un apoyo implícito a su bloque militar, que incluye a países como Irán y Corea del Norte, países cuyas políticas internacionales están en clara oposición a los intereses, tradiciones y valores occidentales.
Paraguay, al igual que gran cantidad de países, ha demostrado que es posible mantener relaciones comerciales exitosas tanto con China como con Taiwán y, renunciar a Taiwán en favor de China, no solo sería una traición a una amistad de casi siete décadas, sino que también terminaría aislando a Paraguay en un momento en que las alianzas internacionales son cruciales para la estabilidad y el desarrollo económico.
Un arma de doble filo
El principal argumento esgrimido por los defensores de la tesis de abandonar la amistad con Taiwán es el comercio, afirman que nuestra economía se vería sensiblemente beneficiada, y si bien comerciar con China, sin duda, presenta oportunidades económicas significativas, es también una espada de doble filo. La dependencia económica, la competencia desleal y los riesgos geopolíticos son solo algunos de los desafíos que enfrenta cualquier nación que decida estrechar lazos con Pekín. Además, los problemas asociados con la calidad de los productos, las preocupaciones sobre la propiedad intelectual y las condiciones laborales en China pueden generar controversias y dañar la reputación internacional de Paraguay.
En pocas palabras, Paraguay debe continuar sobre el camino de amistad leal iniciado hace 67 años. Si bien la decisión de reconocer a China podría tener beneficios económicos a corto plazo, también comprometería la soberanía, la seguridad y los valores democráticos que nuestro país defiende. En este contexto, mantener la estratégica alianza con Taiwán, al tiempo que se continúa comerciando con China, es el camino más prudente y beneficioso para los intereses a largo plazo de Paraguay.




