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Analisis

La kurepización de la mente

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Un legendario referente del heavy metal paraguayo, Mariano Hicell González más conocido como Micrón the Machine, antiguo guerrero contra el “Nuevo Orden Mundial” y que falleció el 30 de enero de 2020, tenía un discurso que llegó a hacerse viral en las redes sociales.

Compartimos en varias ocasiones por motivos del gusto musical en común, aunque yo era mucho más joven y mantenía un perfil bajo en el mundo de los sabuesos del metal paraguayo. El Aeropuerto Pettirossi en Luque y Poyos la Mega en San Lorenzo eran los territorios donde Micrón y sus amigos dejaban un extenso anecdotario que alguien debería recoger para darlo como testimonio a la historia social y metalera de nuestro país.

El caso es que durante la famosa “Batalla de Ñu Guazu” del 2 de junio de 2014, mientras miles de personas se congregaron en los alrededores de la Sede de la Conmebol para demostrar el repudio casi unánime del Paraguay a las agendas progresistas del casamiento gay y demás imposturas del globalismo, Micrón y otros amigos nos habíamos cruzado con un grupo de activistas de ONGs favorables a la agenda LGBT. Fue una breve pero intensa escabechina en la que, por una vez en su historia personal, Micrón peleó junto a los policías (contrario a sus principios de “Fuck the Police”, pero la ocasión lo valía) para reprimir a los violentos y agresivos pro-sodomitas que arrojaban objetos contundentes hacia los transeúntes y buscaban generar incidentes en el evento para luego victimizarse, la vieja estrategia que siempre utilizan.

La breve batalla concluyó con una rotunda victoria del bando patriota y anti “New World Order” sobre los agentes del globalismo internacional y sus banderas arcoíris, quienes huyeron tras haberse llevado su merecido por atacar con objetos contundentes a inocentes personas que iban con sus familias para manifestarse pacíficamente. De hecho que logramos capturar tres de sus enseñas, una de ellas terminó en manos de los Cascos Azules y las otras dos fueron “purificadas” por Micrón. Hasta recorrió a nivel internacional un famoso vídeo en el que aparecía el difunto amigo quemando una de esas preseas y haciendo un discurso altamente patriótico. ¡Éramos tan jóvenes!

Micrón siempre utilizaba una frase, que quedó grabada para la historia. “La Kurepización de la Mente” (o su variante, la “Platinización del Estómago”). Se refería, evidentemente, a la anti-cultura que intentaba desembarcar en el Paraguay venida desde el puerto de Buenos Aires. Su principal referente para dicho discurso era el famoso travesti “Florencia de la V”, quien para el querido Mariano Hicell González, era la representación de todo lo funesto que llegaba desde la ciudad porteña para imponerse en la noble y aristocrática Asunción.

Como un aparte, digamos aquí que nada tenemos contra los nacidos en la Ciudad de Buenos Aires, quienes no tienen culpa alguna de eso, así como tampoco la tienen los demás argentinos. Hay muchos de ellos quienes combaten contra la cultura “kurepí”, más correctamente, contra el “porteñismo” “que tanto daño ha hecho a la misma Argentina así como al resto de las repúblicas platinas”, parafraseando con cierta libertad al ilustre autor de “Martín Fierro», José Hernández. Porque el “porteñismo” es cultural o más correctamente, anti-cultural. Todavía más, no es sino una variante anglófila del globalismo. Y para Micrón the Machine, el más claro representante del “porteñismo” en nuestros tiempos es Florencia de la V, no como persona (que merece nuestros respetos), sino lo que simboliza. Es la suma de la “popinda” cabaretera Moria Casán con el ramplón y vulgar Marcelo Tinelli, en forma de travesti.

La lucha contra la llamada “ideología de género” no es algo de los últimos dos o tres años. En Paraguay se viene combatiendo contra ella desde 1864 más o menos, quizás antes. Pero hoy en día apareció un nuevo elemento en este combate cosmológico que los hispano-guaraníes mantenemos, a brazo partido, contra las fuerzas del Príncipe de las Tinieblas: «La Comadre».

El astuto enemigo sabe cómo transformarse (nunca mejor dicho) para lograr ciertas ventajas estratégicas dentro de la batalla. Y entendió que los paraguayos necesitaban una “Florencia de la V” a su propio estilo, para que les caiga mejor. Recordemos que cuando el famoso travesti argentino vino a Asunción alguna vez, fue echado y abucheado de una discoteca, cerca de ser linchado, hace varios años. Micrón estaba vivo.

Pero Daniel Duarte, el gracioso arriero conocido como «La Comadre«, se ha ganado con carisma y mucha paraguayidad el cariño de nuestros compatriotas. No es el primer travesti que lo intentó, pero es el que encontró la fórmula secreta del éxito. Yo no le quito sus méritos. Lo vemos como figura de grandes empresas nacionales e internacionales, es publicitado y sabe hacerse de imagen. Se comporta como “uno más de los perros” y eso es infalible entre los paraguayos de a pie. Realmente, a La Comadre le sobra algo que a los demás les falta. Esa es la clave de su éxito.

No obstante, allí se encuentra el principal peligro. Porque ocurre eso que Micrón tantas veces denunciaba con sus jocosas maneras. La “Kurepización de la Mente”. Con todo lo simpático y burlesco que nos puede parecer La Comadre, no hay lugar a dudas de que él no es sino una versión paraguaya de Florencia de la V y como tal, debería despertarnos todas las señales de alerta por cada vez que recibe tanta publicidad de multinacionales capitalistas que residen en nuestra tierra. En este combate contra principados y potestades, el enemigo sabe ser travesti de la manera que mejor caiga a los diferentes pueblos que están en su mira.

¡Es el porteñismo de toda la vida! Pero lastimosamente, pareciera ser que estamos menos atentos, más indefensos, más endebles ante la aparición de un porteñista que habla guaraní y sigue nuestras maneras hasta el punto de generar gran simpatía. La Comadre, al fin y al cabo, culturalmente hablando pertenece a la vulgar y sórdida Ciudad de Buenos Aires, no a la hidalga y conquistadora Asunción. Lo que significa, más correctamente, que es anti-cultural.

Porque la “Kurepización de la Mente” no es otra cosa sino la corrupción social y cultural, la aniquilación de las tradiciones y costumbres por parte de un cosmopolitismo errante y sin patria, que busca igualarlo todo para gobernarlo mejor a todo. Es decir, que se trata de un fenómeno que trasciende a la misma Ciudad de Buenos Aires, que no es sino una imitadora y ejecutora del destructivo proceso. Si estuviera vivo, Micrón ya habría declarado la guerra a La Comadre y habría lanzado una contraofensiva contra las banderas que Daniel Duarte, quiera o no, representa.

Yo no tengo problemas personales contra ese simpático travesti que para bien o para mal, es el Florencia de la V paraguayo. Hasta tomaría tereré con él. Pero como ya hemos señalado, lo que La Comadre simboliza es verdaderamente peligroso. Porque el mal se inocula gota a gota, pasito a pasito, con una normalización primero y luego la otra hasta que sin darnos cuenta, todos terminamos siendo unos porteños culturales que levantamos estatuas a cabareteros burlescos y travestis ramplones.

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