La izquierda avanza en Paraguay

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En los últimos tiempos comprendimos horrorizados el fortalecimiento de la izquierda radical alrededor del mundo. Sin darse cuenta, hasta que fue demasiado tarde, la ideología globalista mal entendida hizo mella en sociedades otrora ordenadas.

Todo arrancó con un discurso “políticamente correcto” (muchas veces ridículo) desde los medios de comunicación masiva; rápidamente, ese discurso prendió en una sociedad, y sobre todo en una generación, acostumbrada a lo fácil, acostumbrada a que la culpa siempre es del otro producto de su baja tolerancia a la frustración.

En nuestro país, se viene dando un fenómeno apenas perceptible por sus dimensiones pero con acciones de campo altamente efectivas y resonantes. El ataque al Panteón, secuestros del EPP, abusos por parte de las autoridades políticas y las fuerzas de seguridad y así. Cada día que pasa avanzamos un paso en esa escalera, descendente, donde los discursos se vacían de contenido y las mentes se llenan de resentimiento.

A esto, al resentimiento que se propaga a través de las redes y los medios, se debe agregar a esa generación “de cristal” a la que todo la ofende, a la que todo la ataca y entonces inician “su vida revolucionaria”, pero claro, como son niños de familias acomodadas lo hacen a través de las redes sociales declarándose, por ejemplo, militantes de “antifa”, aunque no tengan una mínima idea de lo que están hablando ni de a quien están finalmente respondiendo.

Tal vez, esto parezca menor y podamos imaginar que solo queda en una foto en las redes, pero lo que se está haciendo (insisto, hablamos de una generación mal preparada) es extender el discurso de que ser de izquierda es bueno y ser de derecha es malo, dándole la razón a Winston Churchill quien hace ya mucho años vaticinó que: “Los fascistas del futuro se llamarán a sí mismos antifascistas”.

El discurso imperante a nivel mundial es que si eres de izquierda y eres, por ejemplo, escritor, eres Cervantes; más, si eres de derecha eres Mussolini. Y esto pasa porque la derecha no sale a las calles, no se manifiesta y “solo” se dedica a trabajar; ser de derecha no tiene épica y eso debe cambiar, urgente, si queremos mantener nuestro estilo vida.

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